La onda es que me salves, nena

Primero, una confesión. Cuando comencé a escribir este ensayo hice una breve introducción sobre cómo fue que impactó el rock en la cultura juvenil de los años 60, lo cual se vio reflejado en la literatura mal-llamada de la onda, error que algunos académicos aún no le sueltan a la teórica mexicana Margo Glantz.

Comencé así, diciendo que los que parecían ser opuestos, The Beatles vs The Rolling Stones, en realidad buscaban apropiarse de cuerpos femeninos, sólo que unos resguardados en frases bonitas, como sostener las manos de la enamorada, mientras que los otros endiosaban a una mujer inexistente que aludía al consumo de la marihuana. Luego escribí cómo el comportamiento machista que ambas bandas comparten no fue innovador, que eso ya se tenía en corridos, boleros y demás canciones de origen bien mexicano… pero me detuve. Me detuve porqué en realidad no quería hablar del rock, ni de la buena o mala influencia que dejó en el mundo, en específico en México, ni siquiera me interesaba diseccionar sus letras. Yo quiero hablar de una obra “olvidada” una novela que “rompe discursos” la novela “de la locura”, Pasto verde (Diógenes, 1968) del mexicano Parménides García Saldaña. 

Había comenzado con el nada breve resumen del rock, la misoginia en la música desde ¿siempre? Porque hablar de Pasto verde es hablar de rock, en especial del Aftermath (1966) de The Rolling Stones. García Saldaña o “Par”, como registran algunos escritores (José Agustín y Elena Poniatowska) gustaba que le llamaran sus allegados, fue un escritor que, según los conocimientos populares que poseemos sobre salud mental en la actualidad, lo clasificaríamos con alguna patología, entre ellas la esquizofrenia, la cual agravó por su excesivo consumo de alcohol y otras drogas. Además, de padecer una severa misoginia (intentó asesinar a su madre en dos ocasiones).

La leyenda de Par se consolidó cuando murió en un hotel de pocas estrellas en 1982, a los apenas 38 años de edad. Le han dado varias etiquetas: beat, ondero, poeta maldito mexicano, incomprendido, poseedor de una pluma adelantada a su tiempo. A esto yo puedo agregar que, en efecto, su obra fue total y completamente malinterpretada desde el principio, tanto por aquellos que decían que Pasto verde no tenía sentido, como por los que dijeron que “rompía con todo lo establecido”. Pasto verde no rompió, porque no pudo, porque no sabía, porque no le importaba, porque nadie le dijo, con el machismo de la época.

García Saldaña, a quien no le diré “Par” como la mayoría de los artículos “académicos” o notas conmemorativas lo hacen, siguió el rock, en donde ponía toda su fe, así reafirmó, adaptó, o bien describió el amor romántico en la contracultura. Mayoritariamente influenciado por el primer disco de los Stones en Pasto verde, (los menciona, alude o cita en más de cincuenta ocasiones a lo largo de las casi 150 páginas que dura la novela), García Saldaña replica el modelo de amor, y por ende desamor, que cantaban los británicos: la mujer está para curar (en el contexto de la onda de García Saldaña léase “coger”), cuando se va (sin coger) es una puta, buena para nada que utilizó el corazón (o cartera) del pobre hombre con el que estuvo. 

El narrador de Pasto verde se llama Epicuro, bautizado así para aludir al filósofo homónimo a quien se le adjudica el hedonismo, es decir, el dedicarse a los placeres del cuerpo. Epicuro por ende, persigue la satisfacción de su cuerpo, en manejar sin precaución y velozmente los autos de sus amigos, en beber, fumar y drogarse en exceso, pero en especial en buscar una “niña bien”, o sea una joven de clase media como él, con la cual acostarse, aunque cuando ellas no quieren (spoiler: ninguna se acuesta con él) acude con prostitutas (obvio) y las maldice mentalmente. Maldiciones que duran páginas, que abarcan casi el 70% de la novela, siendo el otro 20% citas y alusiones a The Rolling Stones y el 10% restante a burlas al gobierno del México de los 60. Así, Pasto verde en realidad es una novela del muchachito ardido que no pudo coger, que no pudo seducir a su vecina de la Narvarte, es para ponerlo elegante: la novela del desamor. 

Desamor que encuentra su cuna en letras como las siguientes: 

Under my thumb
Is a Siamese cat of a girl
Under my thumb
She’s the sweetest, hm, pet in the world

It’s down to me
The way she talks when she’s spoken to
Down to me, the change has come
She’s under my thumb
Ah, take it easy babe
Yeah

Under my thumb- The Rolling Stones

Epicuro repite: “Dominada nena, dominada Escuerina, tú que me dijiste que no, viéndome sobre el entarimado rocanroleando, pero ahora sí muérete […] Las nenas deliran por mí. Los cuates piden otra. Yo, muy cool […]” (García, 1975, p. 118). La cita anterior es una de las ocho veces en que Epicuro registra su fantasía/alucinación/sueño (pues la narración es tan confusa que no explica de qué categoría narrativa se trata) de venganza contra una de las cuatro mujeres que “jugaron” con sus sentimientos. Ese cruel juego era que las mujeres no le daban “la prueba de amor” ¿suena conocido? 

Así es, en la contracultura dibujada en Pasto verde el amor verdadero sólo es verdadero si la mujer entrega su sagrada y sanadora virginidad al buen joven antisistema agónico ondero amante del rock. No sólo tener sexo con él, no, la joven debía ser virgen, como les enseñaron los padres a esos rebeldes onderos que rompían con todas las buenas costumbres: […] pero por tu vagina cabe todo un regimiento, ¿a quién querías engañar? Doña Puñales […]” (García, 1975, p. 138).

Ahora esta terrible caída de la joven no virgen y/o que no desea entregar su virginidad al varón es tal porque el ascenso al poseerla tiene valores casi místicos. Epicuro y García Saldaña (porque recordemos que en literatura por mucho que se parezca narrador y autor NO son la misma cosa) coinciden en este valor sagrado al himen femenino, a pesar de que el autor, García Saldaña reconoce lo absurdo de esta concepción en su libro posterior de ensayos En la ruta de la onda (Diógenes, 1972): “[…] toda la estructura economicasociomoral establecida en el himen […]” (García, 1986, p. 93). 

A pesar de tratarse de dos entes distintos, es evidente que García Saldaña transmite o bien expresa las siguientes creencias a su narrador: “El Chavo [ondero] no posee nada […] Haciendo el amor descubrirá quién es. En las múltiples y complejas sensaciones del acto sexual tratará de encontrar su nueva persona […] En el sexo de la mujer, en su reincidencia, está el secreto de la onda […] En la onda, la mujer ya no es el orden, sino la libertad […]” (García, 1986, p. 73). Epicuro está convencido de que su única salvación la encontrará en el sexo femenino, ya que en varias ocasiones pide a una mujer, la que sea pues sólo la nombra “nena”, lo salve teniendo sexo con él: “Te necesito nena no me dejes caer quiero hacer el amor contigo nena ven […]” (García, 1975, p. 74). Epicuro en verdad cree que él sólo tiene amor que ofrecer y que las mujeres lo rechazan por no tener dinero ni auto, porque no desean salir de la vida “fresa”, no porque lo más probable es que se embaracen y queden marginadas, fuera de la sociedad y tratados por todos, incluso los onderos, como putas, despreciadas, inválidas, sin derecho a siquiera hablar. 

El auge de este endiosamiento al sexo femenino no es nuevo ni en la onda, ni en las letras de los Stones, responde a una tradición occidental católica que precisamente aprisiona el sexo, y por ende el placer femenino. Lo sagrado no debe tocarse, a menos de poseer los permisos debidos, como expone Marcela Lagarde en su afamado libro Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas. (Siglo XXI, 2015). Es por esto que en el contexto contracultural, no es raro encontrar similitudes entre que lo sagrado, místico, valioso, adquiera cuerpo femenino, se adore, admire, aprecie (¿aprisione?). Así encontramos letras “románticas” como:

Oh, my sweet Marie
I wait at your ease
The sands have run out
For your lady and me
Wedlock is nigh my love
Her station’s right my love
Life is secure with Lady Jane

Lady Jane- The Rolling Stones

Donde la semejanza fonética delata que la canción es más bien dedicada a la marihuana. Este misticismo femenino a la marihuana lo repite también el narrador de Pasto verde: “[…] Dulcinea María /Ella te trata bien / Ella sólo te escucha […]” (García, 1975, p. 69).

Es común encontrar textos del presente siglo que idolatren Pasto verde, la mayoría escritos por hombres, y que deciden pasar por alto o dar como obvio el machismo que posee. Más allá de ser “normal” para su época es de llamar la atención que replica modelos de enamoramiento y amor, en particular para cómo las mujeres debían amar a los hombres, que provenían de generaciones anteriores. Lo único que los diferencia es que los onderos no proponen matrimonio, de ahí en fuera la posesión del cuerpo femenino y la falta de interés en sus actividades, gustos y pensamientos queda de lado. El propio Epicuro cuenta de relaciones con otras dos jóvenes con quienes compartía intereses, pero que lo dejan por su insistencia en el sexo extramatrimonial, un lujo que pocas, o ninguna podía darse en su época. 

Hoy la onda dejó sus huellas, el rock también, sin duda, hoy ya no nos casamos para tener sexo, hoy ya no despreciamos a las mujeres por no querer acostarse con un hombre después de que éste “les invitó” al cine o a comer. Hoy tampoco humillamos o avergonzamos a las mujeres por mostrar su vida sexual, sus cuerpos, no, ya no. No, hoy ya no somos tan misóginos y machistas como lo fue García Saldaña, por eso lo escribir así, por eso debe seguir siendo leído, estudiado, por eso lo incomprendieron, pobre buen hombre de su época, pobre transgresor…

-Rebeca M. Aragón

BIBLIOGRAFÍA:

Agustín, J. (2003a). Epílogo «El Rey Criollo, medianamente soy yo». En García, S. P., El rey criollo. (pp. 171 – 177), Ciudad de México: Planeta, booket.

Agustín, J. (28 de diciembre 2003b). El poema de Parménides. Reforma, p. 12.

García, S. P. (1975). Pasto verde. México: (2da ed) Diógenes.

García, S. P. (1986). En la ruta de la onda. México: (3ra ed) Diógenes

Glantz, M. (1971). “Onda y escritura: jóvenes de 20 a 33”. Cervantes Virtual. http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/onda-y-escritura-jovenes-de-20-a-33–0/html/c6a83f9b-dd2a-4036-9f90-127d008e44f4_5.html

Glantz, M. (1976). La onda diez años después: ¿epitafio o revalorización?. [Versión electrónica] Recuperado de https://cdigital.uv.mx/bitstream/handle/123456789/7265/19765P88.pdf?sequence=1&isAllowed=y

Lagarde, M. R. (2015). Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas. México: (2da ed) Siglo XXI.

Oliva, J. C. (17 de diciembre 2018). ‘Pasto verde’, la legalización de Parménides García Saldaña.  El país. Recuperado de: https://elpais.com/cultura/2018/12/15/actualidad/1544842231_523077.html  Poniatowska, E. (1986). La literatura de la onda: ¡Así como te has portado yo no me retrato contigo, vida!. En ¡Ay vida, no me mereces! (pp. 167 – 213). Joaquín Mortiz: Distrito Federal

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