La onda es que me salves, nena

Primero, una confesión. Cuando comencé a escribir este ensayo hice una breve introducción sobre cómo fue que impactó el rock en la cultura juvenil de los años 60, lo cual se vio reflejado en la literatura mal-llamada de la onda, error que algunos académicos aún no le sueltan a la teórica mexicana Margo Glantz.

Comencé así, diciendo que los que parecían ser opuestos, The Beatles vs The Rolling Stones, en realidad buscaban apropiarse de cuerpos femeninos, sólo que unos resguardados en frases bonitas, como sostener las manos de la enamorada, mientras que los otros endiosaban a una mujer inexistente que aludía al consumo de la marihuana. Luego escribí cómo el comportamiento machista que ambas bandas comparten no fue innovador, que eso ya se tenía en corridos, boleros y demás canciones de origen bien mexicano… pero me detuve. Me detuve porqué en realidad no quería hablar del rock, ni de la buena o mala influencia que dejó en el mundo, en específico en México, ni siquiera me interesaba diseccionar sus letras. Yo quiero hablar de una obra “olvidada” una novela que “rompe discursos” la novela “de la locura”, Pasto verde (Diógenes, 1968) del mexicano Parménides García Saldaña. 

Había comenzado con el nada breve resumen del rock, la misoginia en la música desde ¿siempre? Porque hablar de Pasto verde es hablar de rock, en especial del Aftermath (1966) de The Rolling Stones. García Saldaña o “Par”, como registran algunos escritores (José Agustín y Elena Poniatowska) gustaba que le llamaran sus allegados, fue un escritor que, según los conocimientos populares que poseemos sobre salud mental en la actualidad, lo clasificaríamos con alguna patología, entre ellas la esquizofrenia, la cual agravó por su excesivo consumo de alcohol y otras drogas. Además, de padecer una severa misoginia (intentó asesinar a su madre en dos ocasiones).

La leyenda de Par se consolidó cuando murió en un hotel de pocas estrellas en 1982, a los apenas 38 años de edad. Le han dado varias etiquetas: beat, ondero, poeta maldito mexicano, incomprendido, poseedor de una pluma adelantada a su tiempo. A esto yo puedo agregar que, en efecto, su obra fue total y completamente malinterpretada desde el principio, tanto por aquellos que decían que Pasto verde no tenía sentido, como por los que dijeron que “rompía con todo lo establecido”. Pasto verde no rompió, porque no pudo, porque no sabía, porque no le importaba, porque nadie le dijo, con el machismo de la época.

García Saldaña, a quien no le diré “Par” como la mayoría de los artículos “académicos” o notas conmemorativas lo hacen, siguió el rock, en donde ponía toda su fe, así reafirmó, adaptó, o bien describió el amor romántico en la contracultura. Mayoritariamente influenciado por el primer disco de los Stones en Pasto verde, (los menciona, alude o cita en más de cincuenta ocasiones a lo largo de las casi 150 páginas que dura la novela), García Saldaña replica el modelo de amor, y por ende desamor, que cantaban los británicos: la mujer está para curar (en el contexto de la onda de García Saldaña léase “coger”), cuando se va (sin coger) es una puta, buena para nada que utilizó el corazón (o cartera) del pobre hombre con el que estuvo. 

El narrador de Pasto verde se llama Epicuro, bautizado así para aludir al filósofo homónimo a quien se le adjudica el hedonismo, es decir, el dedicarse a los placeres del cuerpo. Epicuro por ende, persigue la satisfacción de su cuerpo, en manejar sin precaución y velozmente los autos de sus amigos, en beber, fumar y drogarse en exceso, pero en especial en buscar una “niña bien”, o sea una joven de clase media como él, con la cual acostarse, aunque cuando ellas no quieren (spoiler: ninguna se acuesta con él) acude con prostitutas (obvio) y las maldice mentalmente. Maldiciones que duran páginas, que abarcan casi el 70% de la novela, siendo el otro 20% citas y alusiones a The Rolling Stones y el 10% restante a burlas al gobierno del México de los 60. Así, Pasto verde en realidad es una novela del muchachito ardido que no pudo coger, que no pudo seducir a su vecina de la Narvarte, es para ponerlo elegante: la novela del desamor. 

Desamor que encuentra su cuna en letras como las siguientes: 

Under my thumb
Is a Siamese cat of a girl
Under my thumb
She’s the sweetest, hm, pet in the world

It’s down to me
The way she talks when she’s spoken to
Down to me, the change has come
She’s under my thumb
Ah, take it easy babe
Yeah

Under my thumb- The Rolling Stones

Epicuro repite: “Dominada nena, dominada Escuerina, tú que me dijiste que no, viéndome sobre el entarimado rocanroleando, pero ahora sí muérete […] Las nenas deliran por mí. Los cuates piden otra. Yo, muy cool […]” (García, 1975, p. 118). La cita anterior es una de las ocho veces en que Epicuro registra su fantasía/alucinación/sueño (pues la narración es tan confusa que no explica de qué categoría narrativa se trata) de venganza contra una de las cuatro mujeres que “jugaron” con sus sentimientos. Ese cruel juego era que las mujeres no le daban “la prueba de amor” ¿suena conocido? 

Así es, en la contracultura dibujada en Pasto verde el amor verdadero sólo es verdadero si la mujer entrega su sagrada y sanadora virginidad al buen joven antisistema agónico ondero amante del rock. No sólo tener sexo con él, no, la joven debía ser virgen, como les enseñaron los padres a esos rebeldes onderos que rompían con todas las buenas costumbres: […] pero por tu vagina cabe todo un regimiento, ¿a quién querías engañar? Doña Puñales […]” (García, 1975, p. 138).

Ahora esta terrible caída de la joven no virgen y/o que no desea entregar su virginidad al varón es tal porque el ascenso al poseerla tiene valores casi místicos. Epicuro y García Saldaña (porque recordemos que en literatura por mucho que se parezca narrador y autor NO son la misma cosa) coinciden en este valor sagrado al himen femenino, a pesar de que el autor, García Saldaña reconoce lo absurdo de esta concepción en su libro posterior de ensayos En la ruta de la onda (Diógenes, 1972): “[…] toda la estructura economicasociomoral establecida en el himen […]” (García, 1986, p. 93). 

A pesar de tratarse de dos entes distintos, es evidente que García Saldaña transmite o bien expresa las siguientes creencias a su narrador: “El Chavo [ondero] no posee nada […] Haciendo el amor descubrirá quién es. En las múltiples y complejas sensaciones del acto sexual tratará de encontrar su nueva persona […] En el sexo de la mujer, en su reincidencia, está el secreto de la onda […] En la onda, la mujer ya no es el orden, sino la libertad […]” (García, 1986, p. 73). Epicuro está convencido de que su única salvación la encontrará en el sexo femenino, ya que en varias ocasiones pide a una mujer, la que sea pues sólo la nombra “nena”, lo salve teniendo sexo con él: “Te necesito nena no me dejes caer quiero hacer el amor contigo nena ven […]” (García, 1975, p. 74). Epicuro en verdad cree que él sólo tiene amor que ofrecer y que las mujeres lo rechazan por no tener dinero ni auto, porque no desean salir de la vida “fresa”, no porque lo más probable es que se embaracen y queden marginadas, fuera de la sociedad y tratados por todos, incluso los onderos, como putas, despreciadas, inválidas, sin derecho a siquiera hablar. 

El auge de este endiosamiento al sexo femenino no es nuevo ni en la onda, ni en las letras de los Stones, responde a una tradición occidental católica que precisamente aprisiona el sexo, y por ende el placer femenino. Lo sagrado no debe tocarse, a menos de poseer los permisos debidos, como expone Marcela Lagarde en su afamado libro Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas. (Siglo XXI, 2015). Es por esto que en el contexto contracultural, no es raro encontrar similitudes entre que lo sagrado, místico, valioso, adquiera cuerpo femenino, se adore, admire, aprecie (¿aprisione?). Así encontramos letras “románticas” como:

Oh, my sweet Marie
I wait at your ease
The sands have run out
For your lady and me
Wedlock is nigh my love
Her station’s right my love
Life is secure with Lady Jane

Lady Jane- The Rolling Stones

Donde la semejanza fonética delata que la canción es más bien dedicada a la marihuana. Este misticismo femenino a la marihuana lo repite también el narrador de Pasto verde: “[…] Dulcinea María /Ella te trata bien / Ella sólo te escucha […]” (García, 1975, p. 69).

Es común encontrar textos del presente siglo que idolatren Pasto verde, la mayoría escritos por hombres, y que deciden pasar por alto o dar como obvio el machismo que posee. Más allá de ser “normal” para su época es de llamar la atención que replica modelos de enamoramiento y amor, en particular para cómo las mujeres debían amar a los hombres, que provenían de generaciones anteriores. Lo único que los diferencia es que los onderos no proponen matrimonio, de ahí en fuera la posesión del cuerpo femenino y la falta de interés en sus actividades, gustos y pensamientos queda de lado. El propio Epicuro cuenta de relaciones con otras dos jóvenes con quienes compartía intereses, pero que lo dejan por su insistencia en el sexo extramatrimonial, un lujo que pocas, o ninguna podía darse en su época. 

Hoy la onda dejó sus huellas, el rock también, sin duda, hoy ya no nos casamos para tener sexo, hoy ya no despreciamos a las mujeres por no querer acostarse con un hombre después de que éste “les invitó” al cine o a comer. Hoy tampoco humillamos o avergonzamos a las mujeres por mostrar su vida sexual, sus cuerpos, no, ya no. No, hoy ya no somos tan misóginos y machistas como lo fue García Saldaña, por eso lo escribir así, por eso debe seguir siendo leído, estudiado, por eso lo incomprendieron, pobre buen hombre de su época, pobre transgresor…

-Rebeca M. Aragón

BIBLIOGRAFÍA:

Agustín, J. (2003a). Epílogo «El Rey Criollo, medianamente soy yo». En García, S. P., El rey criollo. (pp. 171 – 177), Ciudad de México: Planeta, booket.

Agustín, J. (28 de diciembre 2003b). El poema de Parménides. Reforma, p. 12.

García, S. P. (1975). Pasto verde. México: (2da ed) Diógenes.

García, S. P. (1986). En la ruta de la onda. México: (3ra ed) Diógenes

Glantz, M. (1971). “Onda y escritura: jóvenes de 20 a 33”. Cervantes Virtual. http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/onda-y-escritura-jovenes-de-20-a-33–0/html/c6a83f9b-dd2a-4036-9f90-127d008e44f4_5.html

Glantz, M. (1976). La onda diez años después: ¿epitafio o revalorización?. [Versión electrónica] Recuperado de https://cdigital.uv.mx/bitstream/handle/123456789/7265/19765P88.pdf?sequence=1&isAllowed=y

Lagarde, M. R. (2015). Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas. México: (2da ed) Siglo XXI.

Oliva, J. C. (17 de diciembre 2018). ‘Pasto verde’, la legalización de Parménides García Saldaña.  El país. Recuperado de: https://elpais.com/cultura/2018/12/15/actualidad/1544842231_523077.html  Poniatowska, E. (1986). La literatura de la onda: ¡Así como te has portado yo no me retrato contigo, vida!. En ¡Ay vida, no me mereces! (pp. 167 – 213). Joaquín Mortiz: Distrito Federal

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Más allá de lo evidente

La educación es siempre un tema polémico, se habla, por ejemplo, de la población que es analfabeta en México y de las carencias que tienen el sistema educativo en nuestro país. Comentarios como esos son necesarios, por supuesto, pero no sirven de nada si la crítica viene cargada de prejuicios, que la mayoría de las veces son altamente clasistas.

Sería más productivo analizar las diferentes situaciones que le impiden a las personas acudir a la escuela, que culparlas por no hacerlo. El fenómeno del analfabetismo en México tiene que ver con, entre otras cosas, los problemas para llegar a las escuelas, hay quienes tienen que caminar dos horas para llegar a la escuela más cercana.

Las diferentes desigualdades que se presentan en nuestro contexto se ven reflejadas en los índices de analfabetismo, por ejemplo, que el porcentaje de mujeres sea mayor que el de hombres se explica a través de la problemática de género, que sabemos deja a muchas niñas y mujeres sin esta posibilidad, porque desde pequeñas se les obliga a hacerse cargo de las labores domésticas. Por estos motivos, este mes queremos invitarte a escribir o compartirnos tus perspectivas acerca de este tema, desde la perspectiva que consideres.

-Las Sin Sostén

De tabús y otros placeres

Creo completamente que uno de los principales problemas de la humanidad es el miedo a nombrar las cosas por su nombre. No sé si miedo sea la palabra correcta para lo que estoy diciendo, pero nos queda claro que hay varias cosas y temas de los que no se puede hablar, o de los que sí se puede, pero sólo a medias.

La sexualidad, por ejemplo, es uno de los temas más difíciles de tratar; hablar sobre dicho tema siempre implica verdades a medias. Te hablan sobre la menstruación, pero sólo te dicen que el sangrado es una vez al mes y que nadie debería enterarse cuando la tienes, es de damas ser discreta.  No te dicen que el ciclo menstrual provoca diferentes síntomas y cambios hormonales durante los 28 días, no sólo durante el sangrado.

Hablar sobre encuentros sexuales es todavía más difícil; sólo te dicen que tu primer encuentro debe ser, evidentemente, heterosexal, por penetración vaginal, en la noche de bodas y sólo con fines reproductivos. Las relaciones sexuales existen únicamente con la intención de complacer al otro. Esto último es horrible, se nos educó para existir y sentir para otros, nunca para nosotras mismas, por ello, más que el sexo, la menstruación o el abuso sexual, lo que más se prohíbe nombrar es el placer femenino.

Para contribuir a la importancia de nombrarnos, este mes Las Sin Sostén queremos invitarlas a compartir con nosotras sus poemas, dibujos, fotografías, ensayos, cuentos o cualquier trabajo relacionado con la sexualidad.

Para reivindicar nuestro derecho al placer y, también, al conocimiento de nuestro cuerpo.

A través de una voz propia, mes de Arte Afro

«Yo no te daré una voz que es tuya, ni volverás a comunicarte a través de la mía. Recuerda que el mutismo se fue con las cenizas de los falsos estatutos. En este mundo, a diferencia del otro, “somos” porque las palabras son nuestras»

Incendio en la Calle 19, Julia Esquecer

La contemplación demuestra tibieza, es fácil permanecer desde afuera reprimiendo la rabia, es ridículo opinar sin tomar postura o hacerlo a conveniencia. Los espacios se construyen o se toman, no se piden “por favor”. Cuando la historia se empeña en relegar a los sectores que “no sirven” para legitimar la idea del “triunfo del hombre ante sus adversarios”, el mutismo se extiende por generaciones y se manifiesta a través de expresiones, muchas veces no verbales, pero altamente necesarias.

A través de los textos de junio, descolonizaremos nuestra percepción de arte. Construiremos un espacio para hablar de las manifestaciones afro en cada disciplina. Veremos cómo ha influido su eterna lucha por asirse de una identidad, a pesar de la opresión de la historia, en los procesos creativos y de denuncia. Lucha social, espíritu de libertad y capacidad de tomar partido en la construcción del presente, son los parámetros con los que recibiremos sus contribuciones.

Escucharemos las voces emancipadas, a través del arte, porque hemos llegado al momento en el que las ataduras de la historia no son suficientes para propiciar el silencio. “Escucha el sonido que producen tus opiniones, de él ya no depende tu visibilidad”, las creencias se han conjuntado con las proyecciones futuras y en el mapa artístico figuran con mayor fuerza las creaciones afrodescendientes.

Atte: Las Sin Sostén

Arte sáfico

Catalina Sandoval, como parte de nuestra temática de mayo, hizo esta bella ilustración de Doris Dana y Gabriela Mistral, poderosas mujeres del arte. De la inspiración nos escribe:

«leí por ahí que: ‘Safo fue una mujer enamorada de mujeres a las que admiraba’. Decidí quedarme con eso e hice una ilustración de Gabriela Mistral y Doris Dana, dos hermosas que se amaban con una profunda admiración.»

Muchas gracias por participar con la temática mensual y compartir tu bello arte con nosotras.

Caja musical

Mi abuela tenía una vieja caja musical. El roble oscuro había perecido, poco a poco, ante el paso del tiempo. El barniz que la recubría era casi inexistente, en sus bordes se asomaban grietas y, en su interior, la bailarina, que se movía al son de la música, había perdido sus colores. Podría tener más de sesenta años, pero su sonido seguía siendo igual de melodioso. Cada nota de Moonlight Sonata inundaba la habitación con sentimientos de nostalgia y tristeza.

Recuerdo que, durante las tardes de invierno, veía a la abuela observar aquella caja fijamente, unas veces escuchando su triste melodía, otras contemplándola en silencio. Siempre fui una criatura curiosa, así que yo me dedicaba a observarla con la misma dedicación que ella observaba su caja, preguntándome cómo era posible que aquella anciana de mirada melancólica fuera la misma persona sonriente de las fotos que adornaban las paredes.

Su cabello, que en un tiempo había sido largo y hermoso, casi había desaparecido, era mejor así, hacía mucho que ni siquiera se molestaba en cepillarlo. Tampoco quería cambiarse de ropa, a decir verdad, no recuerdo haberla visto más que con los mismos tres suéteres deslavados, su falda larga y sus feos zapatos. De no ser por mi madre, que la obligaba a levantarse y darse una ducha de cuando en cuando, creo que no se habría levantado de la cama nunca.

Pese a los esfuerzos de mi madre, la abuela no hacía más que sentarse en el sofá con su caja musical. Su mirada gris se perdía en la nada; de vez en cuando, de sus ojos salían lágrimas que escurrían debajo de sus anteojos y se desbordaban surcando su mejilla llena de arrugas. De su boca se escapaba un sollozo y, cuando cubría sus ojos con sus delgadas manos temblorosas, yo me acercaba a ella, intentando consolarle, fuese cual fuese su preocupación. Intentaba calmarse y me decía que todo estaba bien, pero yo sabía que no lo estaba. 

El proceso se repetía todos los días, ella observando su caja musical y yo a ella atentamente. Parecía que la vida se le escapaba con cada sollozo, cada cabello blanco que abandonaba su cabeza, cada diente que dejaba su boca, cada nueva arruga. Lo que ignoraba en ese momento era que la vida la había abandonado hace ya mucho tiempo.

Mi abuela supo que se había enamorado a los dieciocho años. Lo descubrí en un cuaderno de páginas amarillas, cuando yo tenía esa misma edad, mientras husmeaba entre las cosas viejas que guardaba celosamente en su armario. Cuando comencé a leer la historia que abarcaba la totalidad de sus páginas, tardé un tiempo entender que aquello era un diario.

Había conocido al misterioso L.R. desde que ambos eran niños. La amistad entre sus familias los había hecho crecer juntos. El amor surgió poco a poco, a pasos lentos, sin esperarlo, entre la inocencia de la infancia y la vivacidad juvenil. Los juegos fueron reemplazados por besos y caricias a espaldas de los otros. Era el tipo de cosas que había que guardarse en secreto, el pudor, el recato, la imagen de una señorita ante la sociedad eran lo más importante.

La caja musical fue un regalo de su amante. Se la entregó en su cumpleaños número diecinueve, junto a la promesa de que, en el futuro, de alguna manera, estarían juntos. Pero nada sucedería así, como buena hija, unos meses después tuvo que casarse a conveniencia de su padre. No podía quejarse de la elección, más allá de su personalidad taciturna y los arrebatos de ira incontrolables, tenía un buen marido a su lado. 

La vida intentó continuar normalmente, si es que la normalidad alguna vez había existido. El matrimonio tuvo cuatro hijos y no tardó en adaptarse a la monotonía de la vida conyugal. Aunque, entre los jóvenes, un romance clandestino seguía su curso ininterrumpido. En su interior, la esperanza de romper el silencio y cumplir la promesa que se habían hecho, aunque fuera en un futuro muy lejano, estuvo siempre latente.

L.R. evitó casarse hasta donde le fue posible, manteniéndose fiel, cerca de ella. El secreto permaneció oculto en las sombras, asomándose de cuando en cuando entre las miradas fortuitas, las manos entrelazadas debajo de la mesa, las caricias sutiles y los besos a escondidas. La antigua amistad justificaba las visitas constantes, las muestras de afecto en público y la correspondencia continua.

Aquello que se guarda en las profundidades encuentra su camino a la superficie tarde o temprano. Fue mi abuelo quién descubrió la traición con sus propios ojos. Sorprendentemente no reaccionó con violencia, debió entender que los problemas que este tipo debían resolverse desde su raíz. Unió sus fuerzas con la familia de L.R.

Mi abuela fue forzada a alejarse, a olvidar completamente a su amante, seguir adelante, continuar con la monotonía de la vida, cuidar de sus hijos, condenada a callar… a no mencionar ni una sola palabra a nadie, para así mantener la honra de su familia, de su marido, de ella misma.

El misterioso L.R.…

él …

mejor dicho, ella… no pudo soportarlo. No soportó los golpes de su padre intentando cambiar lo que era. No soportó el desprecio de su madre, que dejó de verla como la hija cariñosa que siempre había sido y comenzó a mirarla como si fuera una aberración. No soportó ver la decepción en los ojos de sus hermanos, que parecían haberse olvidado de los años de juegos y complicidades, viéndola como a un completo extraño. 

Terminó por saltar al río en pleno invierno, sin dar explicaciones a nadie, y sin que estas fueran necesarias. Por si fuera poco, su familia se empeñó en borrar su nombre por completo, como si ella nunca hubiera existido. Como si el pecado que había cometido fuera más grande que cualquier rastro de amor que alguna vez pudieron tener hacia ella. 

Pero no sería así de fácil borrarla de los pensamientos de mi abuela, que nunca volvió a ser la misma. Ni siquiera la pequeña felicidad que le trajo ver a sus hijos crecer pudo llenar ese agujero en el pecho, que cada día se hacía más grande, consumiéndole la vida, llevándose sus años. 

El mundo entonces era diferente, no estaba listo para un amor como el suyo, condenado a quedarse en el silencio. 

Cuando supe todo esto, mi abuela ya había dejado este plano. La sonata de Mozart dentro de esa caja musical realmente encerraba una historia trágica.

-Maritza Alexandra Rodríguez Acevedo

Aunque la mona se vista de seda, la pata le queda

Estética y erotismo femenino del XIX mexicano en Baile y Cochino

Mujer desvistiéndose, Jan Steen

Venturita deseaba casarse, deseaba encontrar novio;
aspiración que no tiene nada de malo.
¿A qué otra cosa aspiran las muchachas bonitas?[1]

  1. Introducción

Es una realidad que a los románticos les interesaba plasmar los tipos de su tiempo. El caso hispanoamericano no fue la excepción, de sus novelas se desprenden mujeres varias pero consistentes, siempre presente la mujer a “la europea” en sus facciones, virtuosas a más no poder, frágiles, enamoradas, la mayoría clasemedieras. Los realistas y costumbristas también se enfocarían en desentrañar el hilo negro de la feminidad, algunos las describirían y donarían uno que otro consejo a lo largo de su narración, otros, sin ocultar la intención, harían manuales al servicio de las damas decimononas. José Tomás de Cuéllar también lo hizo a lo largo de su serie de novelas pertenecientes a la Linterna mágica, específicamente en Baile y cochino se pueden apreciar los afeites necesarios para una mujer acomodada en busca de un marido. El pie se vuelve parte fundamental en el juego de la seducción para las protagonistas de la novela, que con una que otra artimaña, intentarán conquistar al caballero en cuestión. Este texto pretende describir las características que interactúan en el juego del erotismo y la belleza femenina en la sociedad mexicana del XIX que se reflejan en la novela de Cuéllar.      

  1. Lo bello

La belleza no hace feliz al que la posee,
sino a quien puede amarla y adorarla.[2]

Para entender el afán desesperado de las mujeres por verse bonitas, al menos de las que presenta Cuéllar, tenemos que partir de la siguiente premisa: La existencia de la mujer se valida únicamente por su capacidad de ser bella y, por ende, de casarse. Las mujeres del XIX no sólo son hermosas sino divinas, ya que “Dios entregó [la belleza] a la mujer para que el hombre la buscara [la divinidad] en la tierra. La beldad femenina es el reflejo de la belleza que posee el Todopoderoso, es un pretexto para que el varón encuentre a Dios”[3]. La mujer es instrumento de Dios para que el hombre tenga un reencuentro con lo celestial. Por ello cada género recibirá una educación especial, los varones han de aprender a distinguir entre lo bello y lo feo; las damas han de armarse en el arte de la coquetería y la seducción para lograr su cometido. Cuéllar escribe:

Nosotros, los hombres, si no fuéramos tan modestos como lo somos de ordinario, deberíamos de conocer todo lo que valemos; si reflexionáramos en que hay en el mundo algunos miles de muchachas, […] que […] están formando un verdadero estudio, están tramando todo un plan estratégico, están, en fin, elaborando en el arsenal de las coqueterías una porción de proyectiles, con el único, artero y, por otra parte, inocente intento de seducirnos, nos pondríamos orgullosos.[4]

La vida de la mujer girará en torno a ser  y mantenerse bella, con ello encontrará el amor y en consecuencia el matrimonio. Entonces, ¿qué determina la beldad femenina? Talle y pies pequeños, delicadeza, buenos modales, vestimenta adecuada y a la moda, estar alejada de los excesos y el juego, saber encajar en los círculos sociales que frecuenta su clase, en fin, ser una muñeca de aparador y sociedad. Pero todo esto es ineficaz si no se cuenta con una piel blanca, ser “española,  o quizá descendiente de español e india en la que predominó el gen del color blanco en la piel”; esto deja descartada a la mayor parte de la población mexicana. El amor sólo existe para las clases privilegiadas, y si acaso para alguna muchacha que haya ganado en la lotería genética. Todo esto ya que una prioridad de la sociedad porfirista es el «blanqueamiento cultural», Díaz:

fue uno de los grandes promotores del mestizaje, donde busca homogenizarnos y decir que todos somos mestizos y que todos somos iguales. Pero la población se divide en ser mestizo y tener ciertas condiciones económicas y ser indígena. Era una etapa de modernización, que suma a México en un proyecto de modernidad, progreso y nacionalismo, de salir adelante y generar riqueza. La idea era, vamos a dejar de ser indios para poder progresar.[5]

El rostro blanco también es un reflejo de virtud y pureza, cualidades que además se tienen que demostrar a través de los valores morales. La mujer debe ser púdica, servil, quebradiza, dócil, tierna, melancólica, sacrificada y sufrida ya que “una mujer mientras más sufre más mujer es.”[6] La belleza interior no se puede fingir, la capa externa sí, se puede transformar según convenga: “El cuerpo se rehace gracias al corsé, el pie se esculpe mediante el botín, los guantes remodelan y el sombrero retoca”[7]. Es decir, se puede ser bella pero si se carece de clase no habrá triunfo para la doncella, así pasa con las Machucas que, aunque tienen las características físicas necesarias, sus vicios como el juego, el baile y el alcohol les quitan los pretendientes. Aunque la Machuca se vista de raso, Machuca se queda, Cuéllar escribe:

Las Machucas tenían todas las apariencias, especialmente la apariencia del lujo, que era su pasión dominante; tenían la apariencia de la raza caucásica siempre que llevaban guantes, porque cuando se los quitaban, aparecían las manos de la Malinche en el busto de Ninón de Lenclós; tenían la apariencia de la distinción cuando no hablaban, porque la sin hueso, haciéndoles la más negra de las traiciones, hacía recordar al curioso observador la palabra descalcitas de que se valía Saldaña; y tenían por último la apariencia de la hermosura, de noche o en la calle, porque en la mañana y dentro de casa, no pasaban las Machucas de ser unas trigueñitas un poco despercudidas y nada más.[8]

En definitiva, la clase no se puede comprar como la posición social. El lenguaje y las buenas costumbres vienen de cuna. Para esta época de la sociedad mexicana los límites entre los ricos, los venidos a menos y la clase media se desdibujan a proporción de la posibilidad adquisitiva.  Las Machucas son “nuevas ricas”, pero aun así son ellas las que logran convocar a la gente al baile por el simple hecho de asistir. Ellas son mito y celebridad, serían el inicio de figuras aclamadas por la sociedad mexicana del XX como María la del barrio que, siendo también «descalcita» al inicio, logra subir de posición social gracias a su físico caucásico, pero también a que se le doma en carácter y se le refina.   

  1. Lo feo

Dios es el único amante para las feas[9]

Si lo bello es la mujer blanca lo feo es la morena, trigueña o indígena. Para ellas el amor no existe, por lo menos no del tipo que inspira las grandes narraciones. Manuel Payno en su relato La mujer fea describe lo que conlleva pertenecer a este tipo:

de color trigueño muy subido, abultada nariz llena de pequeños puntitos negros, que llaman espinillas; ojos verdes extremadamente saltones; cejas casi tendidas en línea recta, cabellos negros y cerdosos; tanto, que a pesar de la pomada, se conocía su rebelde obstinación. La cintura era extremadamente gruesa, y cuando se puso de pie, pude notar su baja estatura, y unos pies grandes llenos de sinuosidades, que creo se llaman juanetes; un cuello sudoroso y moreno con algunas manchas amoratadas.[10]

Juana, mujer virtuosa y llena de talentos, nunca verá el amor realizado porque es fea. Su única opción será convertirse en monja o permanecer soltera el resto de su vida. Todas las mujeres son capaces de amar, sin embargo la que es bella será la única que llegue al matrimonio. El hombre, que ha sido puesto en la tierra para encontrar la divinidad en la belleza femenina y además reflejarse en ella, no puede aceptar desposar a una mujer que no sea hermosa porque sería una contradicción. Por ende, la mujer fea tendrá que esperar la muerte y llegar al cielo donde las limitaciones físicas dejan de importar. La fealdad siempre está al acecho de la mujer y por eso no debe descuidarse, aun cuando ya se ha casado, una señora debe realizar los afeites necesarios para permanecer hermosa para su marido, evitando que éste pierda interés.

Existen algunos casos que pueden salvarse de este triste destino, por ejemplo la señora del curial que su fealdad radica en el color de su piel.  Así que cuando los polvos y las cremas disimulan ese defecto congénito la mujer cambia, “porque ella no tenía malas facciones, pero como era trigueñita, casi no se echaba de ver que tenía muy buena pestaña y muy buena ceja y los labios un poquito volteados y de color granate”[11]. Esta transformación hace que la señora despierte el amor en su compadre, todo gracias a los polvos.

Otro de los peligros de la belleza es la edad, Venturita lucha con esto, porque aun siendo la más hermosa de las hermanas ellas se casaron primero, y ésta se ha quedado. Así que Venturita tiene que redoblar sus esfuerzos para poder hacerse de un marido:

¡Vayan ustedes a reprochar a una mujer en semejantes condiciones que sea amable, que sea risueña, que se asome al balcón, que se apriete mucho el corsé, que se vista algo chillón, que le ajuste el botín en la punta del pie, y que haga, en fin, otra porción de cosas, que, en su esencia, nadie se atreverá a tachar de malas ni de pecaminosas, porque no son siquiera censurables! En todo caso estaba en su perfecto derecho: quería casarse[12]

Entre los feos, o por lo menos entre los morenos, el ritual de cortejo va a ser diferente. Mientras que las clases altas van a trazar este procedimiento entre abanicos y botines, en fiestas y reuniones; los pobres utilizarán el huarache y el rebozo, en ferias y durante las jornadas laborales. El calzado al ser abierto no niega su clase ni su nivel, a diferencia de los botines. En general, lo importante entre ellos será mostrar eso, su clase:

Pero cuando se trata de amor en nuestra servidumbre o, como se dice aquí, “entre garbanzos”, entonces niño amor, encaje, abanico, sonrisa y todo eso junto se reduce a entreabrirse con ambas manos cerca de la cara la orilla del rebozo, dejando percibir por un momento el pescuezo cobrizo y arrebujándose después con el emboce, de manera que tape un poco más la boca, aun cuando no haga frío, tapada de boca que, traducida elocuentemente por el pretendiente, es como si ella dijera: “no sea usted malo”, “yo soy muy recatada”, “esas cosas me ruborizan”, etcétera.[13]

La fregatriz, muestra su color en el cuello, como diciendo que es de las buenas. Se puede observar que también en este juego es necesario ser tímida (lo que conlleva docilidad). El hombre en cuestión le ofrece licor, lo cual sería inadmisible para una mujer de otro estatus, y utiliza la frase “ande usté” para incitarla a aceptar el trago, frase que según el narrador “es la frase consagrada de la galantería de sarape; ande usté quiere decir ‘beba usted’, o bien ‘¿usted gusta de beber?’ o ‘beba usted sin cumplimientos’, etcétera.”[14].

Lo importante aquí es que el amor para las bajas clases sociales puede existir, pero sus procesos son más burdos, más sencillos. Sin embargo, la mujer fea de clase alta no encontrará el amor nunca, ya que no puede conformarse con algo que no sea digno de su ralea, es decir, tal vez la Juana de Payno podría haberse desposado, pero sólo con un hombre moreno y pobre donde la idea de la belleza es diferente, pero prefirió la soledad a la pobreza.

  1. Lo erótico

Zapato sin tacón casa sin balcón.[15]

Con una buena media y un buen zapato, hace la madrileña pecar a un santo.[16]

Con zapatos de tacón nos provocan, nos incitan, nos arrancan mil suspiros[17]

Para este punto, se ha descrito que una mujer es bella si es blanca, virtuosa y delgada, en términos generales; pero falta hablar de la pieza clave de la estética femenina: el pie y con él, el zapato. Para los del XIX un requisito imprescindible en la mujer a cortejar era tener un pie pequeño y delicado. Esta idea de erotismo alrededor del pie viene desde mucho tiempo atrás. En oriente se dedicaba un especial cuidado a los pies, muchas jóvenes se los vendaban para evitar su crecimiento, creando muchas deformaciones; el pie ideal no podía rebasar los diez centímetros. En Egipto los pies y las uñas se exfoliaban, masajeaban, perfumaban y por último teñían con alheña. Castiglione y Cervantes hacen referencia al calzado y los pies en sus obras más importantes. Para 1711 el obispo de Cartagena, Inquisidor Luis Belluga escribe Carta pastoral del Obispo de Cartagena donde, entre otras prohibiciones, está la abolición de vestidos “cortos” que dejen ver el calzado de las damas, el calzado ornamentado y que varones calcen a las mujeres.

Con tales decretos el pie se carga de erotismo al convertirse en lo prohibido. Las damas sólo se descalzaban en la intimidad de su casa, por esta razón el que alguien viera sus pies tendría una connotación sexual. “Enseñar el pie equivalía a ofrecerse al que lo mira, y dejarlo ver por descuido se interpretaría como una indecencia.”[18]. No se diga, el tocar el pie, este acto se castiga con la muerte. Bataille relata cómo el Conde de  Villamediana es condenado a muerte por tocar el pie de la reina Isabel. Todavía para el siglo XX existe esta relación, en Pulp Fiction se dice que “el negro” ha sido arrojado de un edificio por darle un masaje de pies a la esposa de Marsellus Wallace. El pie femenino “desnudado o tocado, nos vincula con la obscenidad y con la transgresión de una moral que centra en un erotismo soslayado su razón de ser.”[19] Venturita está consciente de esta relación erotismo-calzado-pie ya que su amigo “el sabio” le ha explicado la estética y la historia que hay detrás de él. Ella le explica a Lola que:

El pie humano es, de todo el cuerpo, lo que parecía tener menos atractivo; y debíase al menos contar con la persona del tobillo para arriba, con absoluta exclusión de los pies. No de otra manera han de haber sido consideradas las matronas griegas y romanas, puesto que enseñaban el calcañar y los dedos de los pies con la desgarbada sandalia; y fue necesario el refinamiento del lujo y las costumbres para ir cubriendo esa miseria humana, hasta que en la fastuosa corte de Luis XV llegó el arte del zapatero a su último grado de perfección. La estética llegó hasta el calzado, y los pies de las damas comenzaron a figurar entre las flechas con que Cupido hiere los corazones.[20]

Pero ¿cómo es el pie hermoso? Es aquel, según Venturita, que sigue curvas orgánicas, la belleza está en “la corrección de las líneas de la naturaleza bajo el ideal de belleza”[21], y estas correcciones las hace el calzado, los botines hacen que el pie se vea más pequeño, es decir hacen un efecto de pie de niña lo cual refleja inocencia. Como se ha podido ver, Venturita es una conocedora del erotismo y la coquetería, entonces en su afán de cumplir con su cometido toma una decisión arriesgada, usar zapatos bajos. Le dice a Lola que “El calzado bajo es el calzado por excelencia, es la batería rayada, es, si hemos de considerar como proyectiles nuestras coqueterías, el calzado bajo es… la dinamita.”, así que ella está decidida a salir al Zócalo con zapatos bajos.

Usar un zapato bajo es muy arriesgado ya que es el zapato de las mujeres de la calle, el estar cerca del suelo refleja la clase, pero también porque significa desnudez, con este zapato se ve algo más, este algo más es  la media que “Quiere decir, una desnudez, un acercamiento, un… una provocación… porque la media pertenece… pertenece a lo que no se enseña a nadie… en fin, a la ropa interior.”[22]. El zapato bajo es el escote del siglo XIX. Así que Venturita corta su vestido y sale para mostrar sus delicados pies y también su desnudez, en ella se puede observar el erotismo del ápice del cuerpo: el pie.

  • Conclusión

El papel de la mujer, como se menciona anteriormente, es ser bella. Ésta es una misión complicada y llena de peligros para la dama en cuestión, el exceso de coquetería puede condenar a unan mujer a la deshonra, pero la falta de ella la condena a la soledad. Una existencia validada únicamente en fines del hombre es una existencia censurada, porque si se puede tener decisión a la hora de elegir las tácticas de la seducción, estas decisiones tienen que estar dentro de un espectro impuesto por la sociedad. La mujer erótica o bella es aquella que está censurada, que sólo sonríe de lado, que no muestra sus pies, es más que no puede elegir los colores de la vestimenta. Estamos ante una mujer que se ha convertido en objeto de consumo y se tiene que vender al mejor postor con los estándares más elevados.

La mujer del XIX se tiene que negar para complacer a su contraparte. La religión, la sociedad y la educación serán los motores que impulsen estas ataduras, en las que se tiene que ser esclava por iniciativa propia. La sociedad ha creado a una mujer que va con la mirada baja porque en lo único que tiene poder es en sus pies.

Yázkara Hernández Estrada


Referencias:

De Cuéllar, José Tomás. Baile y Cochino. Promociones Editoriales Mexicanas, S.A. de C.V. México, 1979.

Dávalos, Marcela. La belleza femenina en la literatura mexicana del siglo XIX. 1987.

Ponce, Fausto. “El racismo de ayer y hoy” El economista [México] 7 Diciembre del 2017. < https://www.eleconomista.com.mx/arteseideas/El-racismo-de-ayer-y-hoy-20171107-0154.html>

Glantz, Margo. De pie sobre la literatura mexicana, Esguince de cintura. México, Conaculta, 1994.

Payno, Manuel. Memorias sobre el matrimonio y otros escritos. Joaquín Mortiz, México, 2002.

Gentil, Isabel. Los pies en distintas culturas y cosmovisiones: erotismo. El Peu, 2008.


[1] De Cuéllar, José Tomás. Baile y Cochino. Promociones Editoriales Mexicanas, S.A. de C.V. México, 1979. Página 47.

[2] Hermann Hesse

[3] Dávalos, Marcela. La belleza femenina en la literatura mexicana del siglo XIX. 1987. Página 45

[4] De Cuéllar, José Tomás. Op. Cit. Página 49.

[5] Ponce, Fausto. “El racismo de ayer y hoy” El economista [México] 7 Diciembre del 2017. < https://www.eleconomista.com.mx/arteseideas/El-racismo-de-ayer-y-hoy-20171107-0154.html&gt;

[6] Dávalos, Marcela. Op. cit. Página 47

[7] Glantz, Margo. De pie sobre la literatura mexicana, Esguince de cintura. México, Conaculta, 1994, Página 24.

[8] De Cuéllar, José Tomás. Op. Cit. Pp. 21-22

[9] Dávalos, Marcela. Op. Cit. Página 53

[10] Payno, Manuel. Memorias sobre el matrimonio y otros escritos. Joaquín Mortiz, México, 2002. Página 54.

[11] De Cuéllar, José Tomás. Op. Cit. Página 15

[12] De Cuéllar, José Tomás. Op. Cit. Pp. 47- 48

[13] De Cuéllar, José Tomás. Op. Cit. Página 73

[14] De Cuéllar, José Tomás. Op. Cit. Página 74

[15] Refrán popular.

[16] Refrán popular.

[17] Con zapatos de tacón, composición de Cirino Paniagua Garcia

[18] Gentil, Isabel. Los pies en distintas culturas y cosmovisiones: erotismo. El Peu, 2008. Página 194

[19] Glantz, Margo. Op. Cit. Página 12

[20] De Cuéllar, José Tomás. Op. Cit. Página 52

[21] De Cuéllar, José Tomás. Op. Cit. Página 53

[22] Íbidem. Página 54

Luchar con/por el cuerpo

Desde el feminismo hemos aprendido algo: la lucha de género es una lucha de cuerpos.

El existir femenino conlleva una lucha contra el cuerpo, por cómo debe (o no) ser, por a quién (no) le pertenece. La sociedad en la que vivimos se ha llenado de manuales, de do’s and dont’s, las ervistas que leemos siempre contienen consejos de «belleza» (cosa totalmente arbitraria cof occidental cof) y salud (según alguien), dietas inventadas por x celebridad, rutina de ejercicios de las Kardashian, etc. como si no fuera suficiente con la presión impuesta por los conocidos, la pareja, nuestras madres, etc.

Ahora, no sólo tenemos que luchar por vernos de cierta manera, sino que además tenemos que sacarnos de encima las garras de los depredadores que tienen una variedad extensa de caretas, que van desde el amigo, el vecino, el padre, el novio el proxeneta,el borracho, hasta el que cruza la calle; algo así como la lotería de los abusadores. Van por nosotras, el único motivo de su violencia es que hemos nacido con este cuerpo.

Ser feminista es un eterno desaprender. y lo primero que tiene que hacer uno es perdonar al cuerpo. Perdonarlo por no encajar, por el daño que le hemos hecho, por el daño que le han hecho. Hay que aprender a querer el ricito que se nos hace en el fleco, el diente chueco, la estría, la lonja, la arruga. Aceptar la altura, los pies, el peso.

También, ser feminista, es acuerpar, a la otra, a la hermana, a la que nos cae mal, a la que perdió a la hija, a la que no volvió. A la red de apoyo. Es luchar porque todas las mujeres entiendan que su cuerpo no es un objeto de consumo, que les pertenece a sí mismas y que, aunque el capitalismo le pone precio a todo, es invaluable.

Por todo lo anterior, decidimos destinar febrero como un mes para dedicar nuestras líneas al cuerpo femenino, para llevar a cabo un ejercicio de reivindicación, hablar de nosotras para nosotras, sin cánones impuestos. Escribir, dibujar, fotografiar, crear todo lo que se relacione con nuestro cuerpo; con el fin de brindarnos una visión real y completa de lo que somos, de la magia que reside en él, a través de diversas miradas.

Febrero, mes del amor, es el momento adecuado para redescubrir lo que más queremos (o deberíamos), el momento para reflexionar sobre nosotras y hacer las paces, definitivamente, individual y colectivamente.

Abolición o barbarie

Consideraciones en torno a la prostitución

La prostitución es un tema tabú en cualquier sociedad, y, sin embargo, es como dicen muchos “el oficio más antiguo del mundo”. Existe en todas las civilizaciones de las que se tiene registro, desde Babilonia hasta nuestros días, es decir, en todas las sociedades con valores patriarcales de la historia. En algunas civilizaciones, como la griega, la prostitución era ejercida tanto por mujeres como por hombres, incluso tenía connotaciones religiosas, pero conforme ha pasado el tiempo se ha convertido en un trabajo que ejemplifica la cosificación y la opresión masculina sobre los cuerpos femeninos.

¿Por qué se habla de prostitución y explotación sexual?

Regularmente se mencionan frases que justifican este oficio diciendo que las mujeres que se dedican a él lo hacen por decisión propia, esta sentencia es equivocada, primero, porque la desigualdad social es la que empuja a las trabajadoras sexuales a desempeñarse en ese ramo. Segundo, porque las estadísticas indican que “en México hay 500 mil personas que son explotadas en la prostitución, el 90 por ciento son mujeres y niñas. El 80 por ciento de ellas no nació en la ciudad de México y fueron trasladadas de algún lugar del interior del país para ser prostituidas”, según la Coalición contra el Tráfico de Mujeres y Niñas en América Latina.[1]

La cifra anterior nos indica que la prostitución es todo, menos libre. También nos señala la enorme diferencia existente entre el índice de víctimas de explotación sexual de sexo femenino y masculino, dicha diferencia es la primera evidencia del problema de género existente en este medio. La CATWLAC (por sus siglas en inglés), también señala que el 75% de las prostitutas comenzó a trabajar en una edad que oscila entre los 11 y los 13 años, edad a la que resulta difícil creer que se hayan dejado llevar por una decisión propia.

La explotación sexual está íntimamente relacionada con la trata de personas, pues uno de los principales objetivos de ésta tiene que ver con una feminización de este delito, pues la mayoría de las víctimas corresponden a la población femenina, y la población trans, dejando en último lugar a la población masculina. Como secuela queda la violencia,

Un 82% había sido agredida durante el ejercicio de su profesión; el 88% sufrió amenazas físicas, y hasta un 68% había sido violada. Al miedo diario al que se enfrentan las mujeres que viven del sexo, debido a los malos tratos y vejaciones que pueden sufrir, se suman los fantasmas del pasado: un 57% de las participantes reconoció haber sufrido abusos sexuales durante la infancia.[2]

La cosificación del cuerpo femenino y los privilegios masculinos otorgados por el patriarcado fomentan la prostitución más que ninguna otra cosa, pues ellos se sienten con la total libertad de acudir a prostíbulos, elegir una mujer – o niña –, pagar por sus servicios, obtener placer y volver a su vida como si nada. La mujer, reparte el dinero recibido, se prepara para recibir a otro cliente, sufriendo estrés postraumático (como el 50% de las prostitutas), y es víctima de un linchamiento de una sociedad que la culpa por dedicarse a ello, pero que libera de todo pecado a quien la utiliza y a quien la explota.

El punto en el que coinciden se hermanan conceptos como patriarcado y capitalismo se encuentra en todos los trabajos y medios que implican violencia, pero se siguen perpetuando porque representan privilegios para la población masculina y que, a la vez, significan la obtención de recursos económicos. Por ello siguen existiendo tanto la prostitución como la pornografía, ambas representan violencia, pero las leyes no se esfuerzan por erradicarlas ni porque representan una industria con grandes ganancias y, además es consumida por quienes tienen influencia en las decisiones políticas.

El capitalismo nos ha dividido convirtiéndonos a unos en brazos para el trabajo y a otros en objetos. Los objetos son las mujeres, que pueden usarse y desecharse como si nada, como los platos de unicel una vez que termina la fiesta. El patriarcado se sostiene mediante el modelo económico capitalista, porque éste contribuye a mantener la existencia de la dominación femenina. Así sólo podemos ser las que paren a quienes servirán como máquinas de trabajo o los objetos que utilicen para obtener placer, sin importar qué sentimos nosotras.

El feminismo debe seguir apostando por la abolición – no legalización, no regularización – de la prostitución y la pornografía, pero también debe ser anticapitalista, pues tenemos que tumbar ambos sistemas para conseguir una liberación total y completa.

Referencias

Haz clic para acceder a trata.pdf

https://www.nytimes.com/es/2016/05/21/opresion-o-profesion-deberia-ser-delito-la-prostitucion


[1] http://tallersec-chantal.blogspot.com/2010/11/algunas-notas-estadisticas-y-sorpresas.html

[2] https://www.elmundo.es/salud/310/24N0120.html

Viernes 13: Taylor Swift

lover-taylor

Siempre supe que este momento llegaría, yo escribiendo sobre Taylor Swift. Para aquellas que obviamente no me conocen, porque esto es #LaInternet, déjenme decirles que soy la Swiftie sinsostenista número 1 (o 13 xdxd). Tendría como 12 años cuando vi por primera vez a Taylor, el video de «You belong with me» pasaba en MTV, en sus cápsulas de artistas nuevos; como la puberta friendzoneada que era (disclaimer: la friendzone no existe pero era el 2008 so anacrónicamente válido, creo)  CLARAMENTE me sentí identificada por la canción y el video. Al finalizar, fui a mi computadora de escritorio y busqué en Youtube  el nombre de Taylor Swift, no lo supe en ese entonces, pero esa búsqueda en internet cambiaría mi vida.

Pasaron los años y con ello álbumes de TayTay, con cada uno sentía que crecía con la artista, sus preocupaciones amorosas, identitarias, contextuales; y si bien ella es más grande que yo por  seis años sentía que eso era importante porque había «vivido» las cosas primero, era un tipo de gurú, prediciendo, por ejemplo, mis 20’s con su música. En fin, el lazo que había creado con ella además de la típica relación fan-artista, era algo más «íntimo», porque para mí su música sería un refugio ante las vicisitudes de la vida, lograba entender mi realidad con sus letras, algo  muy parecido a lo que me pasa con la literatura y para mí eso es algo como muy fuerte.

Ambas fuimos creciendo y, en algún punto, nos convertimos en sujetos políticos proactivos, desde nuestras realidades y nuestros privilegios, nos fuimos cuestionando nuestras formas de relacionarnos con el mundo, con los hombres, con otras mujeres. Aprendimos del feminismo, de la equidad de género, del patriarcado. Y no sólo nosotras, sino que a lo largo de los últimos años todos y todas nos hemos enfrentado a estas cuestiones del ser político. Para Taylor ha sido encontrar un lugar en una industria dominada por hombres blancos, y cómo incluso siendo una mujer blanca adinerada es difícil entrar.

En los medios, se dio este boom del discurso por la equidad con Emma Watson como embajadora de ONU Mujeres, y poco a poco veíamos como diferentes figuras del medio del entretenimiento tenían más y más cosas por decir. Taylor, por ejemplo, denotaba cómo a los compositores hombres no se les cuestionaba el que hicieran breakup songs o se hiciera mucho hincapié en sus vidas privadas, pero con las mujeres era todo lo contrario.

El primer «escándalo» no amoroso (además del de Kanye),  sobre Taylor, que recuerdo fue cuando se salió de Spotify porque no estaban pagando las regalías como debería de ser, la prensa inundaba el medio con artículos que hacían parecer frívola y ambiciosa a Swift. Sin embargo, múltiples artistas apoyaron su decisión, incluso la siguieron, hasta que se llegó a un nuevo arreglo con las plataformas de streaming, no sólo para ella sino para todos los artistas.

Luego estuvo este rumor en el que se dice que apoyaba la campaña de Donald Trump, rumor que no ha tenido pruebas contundentes y que además hay muchas fuentes que señalan que Taylor apoyaba a Clinton, aunque no abiertamente porque no quería «influenciar» a sus seguidores más jóvenes. Después viene la demanda al DJ por acoso sexual, al tocarla sin su consentimiento en una alfombra roja, ella ganó la demanda (de un dólar porque siempre metáforica nunca inmetafórica). El mundo de la música en ese momento está inundado por el Me too movement, y , a mí por lo menos, me parece importante que ni el gesto más mínimo de violencia sexual sea pasado por alto, le agradezco.

Ocurre la serie de eventos desafortunados que incluyen, obviamente, a Taylor Swift, Katy Perry, Calvin Harris, Kanye West y Kim Kardashian. Sale Reputation. No hay apariciones públicas, ruedas de prensa, gira promocional, sólo música. Cambia de disquera. Disputa sobre los álbumes anteriores. Taylor es la artista de la década. Miren, la idea de este texto no es hacer una biografía o una defensa de ella porque es bastante capaz de defenderse por sí misma. La idea de este texto es reconocer que todas estamos atrincheradas, defendiéndonos del mundo dominado por hombres allá afuera que no son capaces de lidiar con el éxito femenino.

A lo largo de esta década, Taylor Swift no sólo ha sacado álbumes brillantes sino que ha llegado a un nivel de autoconsciencia pública y privada, ha encontrado su lugar y no creo que lo deje pasar. Cada vez la escuchamos hablar más  desde el feminismo (aunque sea simple y blanco, pero ahí está), se ha declarado pro-choice, ha olvidado viejas enemistades con mujeres por ser ejemplo de sororidad, destaca nuevas artistas, denuncia, se queja, remarca, critica. Y amigas, tal vez a veces se nos olvida, pero ser mujer y señalar lo incorrecto del mundo, aunque sea de una esfera pequeñita como la del entretenimiento, es difícil, es pesado.

Agradezco a Taylor no sólo por todos estos años de música que me llena el alma, sino por ir convirtiéndose en una artista con mensaje social, por incluir minorías en los videos, por donar a asociaciones pro LGBT+ o antibullying, por salir y decir una y otra vez que los hombres nos intentan detener, por incluso cambiar el mensaje de su música hacia algo más positivo. Lover, define el fin de esta década en su viaje, si en Red we were happy, free, confused and lonely at the same time, en Lover tenemos certezas sobre lo que duele el amor pero también lo que vale, también sabemos que Amor no sólo es para la pareja, sino para la familia, los amigos, nosotras mismas. Y claro, Taylor Swift no es the ultimate female icon, claro que tiene desaciertos como todas, pero por algo se empieza.

Long live, Taylor, felices 30.

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