Armonía de muros casi inexistentes

El incienso de los ceniceros terminó invadiendo la habitación, los turquesas de las paredes no tuvieron reparo en jugarle una batalla a los ocres del suelo; aunque la luz fue desterrada de la habitación, abundaron las chispas en las alfombras y en el correr de las cortinas.  Dos botellas en la mesa, lápices de colores en el sillón y una pluma fuente desparramada en los zapatos dieron testimonio de la existencia de un ser en aquel lugar, a sus alrededores o por encima de las vigas de madera. En el centro de la habitación estaba un colchón sin base, lejos del cielo y la tierra, muy por encima de las manchas de pintura, pero por debajo de los papeles pegados al techo.

Los cuchicheos de las esquinas recordaban voces multitudinarias en las que las opiniones negativas carecían de validez; los años de angustia y decadencia se convirtieron en tejidos de memoria, hatos de tiempo empolvado. Cuando los chorros de paciencia amenazaron, la extravagancia hizo su intervención, los espíritus inhabitables gritaron por la invasión a su espacio, mas lograron despertar al cuerpo insostenible del vacío. Los collares salieron de los escaparates y se transformaron en humo, todo rastro de elegancia fue suplido por libertad y expresiones innombrables. 

En el exterior, en el abril más luminoso, los follajes se hicieron claustrofóbicos, se agolparon contra las ventanas, luego cerraron el paso a los agentes extraños para finalizar con nuevos picaportes hechos de flores diminutas. Ambos espacios resultaron armónicos a pesar de su inconexión, pues la creatividad de los ojos ajenos encontraron los parches suficientes para dar crédito a las formas libres, al génesis sin esquemas.

-Las Sin Sostén

Horneaditas en casa

Emily es mi hija de cuatro años, para ella el corazón está en su “pancita” no en el pecho, por eso se siente feliz cuando come cosas que le gustan. Emily conoce la palabra “poesía” por una canción de Rebeca Lane, “pero mamá, a mí me gusta el morado, me gusta la poesía y la melancolía”. También, por las ocasiones en las que le he leído poemas. Para Emily la poesía es cualquier cosa bonita que la haga sentir emociones, sobre todo felices.

Decidí empezar este escrito sobre Horneaditas en casa hablando sobre Emily por dos razones, la primera es que Emily es fan de las galletas de Fernanda y la segunda es que creo que este negocio describe la sensación de felicidad tras comer lo que te gusta, de la que habla Emily y que, entre los pedidos que ha realizado Fer, hay algunos que son poesía.

Horneaditas en casa, es un proyecto que realiza galletas de mantequilla, decoradas con glaseado y que puedes pedir según los diseños de temporada o personalizadas según tus ideas o tableros favoritos de Pinterest.

Para ello puedes ponerte en contacto mediante su página de Instagram, @horneaditas_en_casa, enviarle tu propuesta y esperar que la magia suceda.

Tus pedidos son entregados en una cajita muy bonita, listos para regalar o subir la foto al Instagram. Además de que la envoltura es, también, echa a mano por Fernanda, con materiales amigables con el medio ambiente y un empaquetado sencillo, pero muy lindo.

A Fernanda, dueña de Horneaditas en casa, la conozco desde hace ya algún tiempo, por lo que puedo asegurar que en todo lo que hace pone el corazón y mucha dedicación.

Horneaditas en casa harán vibrar todos tus sentidos, anímense a probarlas.

-Diana Oliva

Musas fracasadas

Mi hermana solía decir que su mayor fracaso era en el campo de las relaciones sexo afectivas y eso le acongojaba mucho; el amor era su musa y, sin ella, parecía que le iba mal en todo. Todavía no sé si tengo una musa, ahora que estoy enamorada probé con eso, pero, a veces, parece que mi creatividad despierta con mi dolor. 

Sam dice que soy capaz de crear cosas buenas independientemente de cómo me sienta, es de los comentarios más lindos que me ha hecho en nuestro casi primer año juntos; de hecho todo ha sido tan lindo que me asusta. 

Me da miedo porque no quiero fracasar en esto. Él ya comenzó a hablar de nuestro futuro, no del suyo y el mío, sino del nuestro. Habla de vivir juntos, de nuestro salario aproximado, del presupuesto que tenemos para rentar; me abrumo cuando hace eso. 

Me abrumo porque envidio esa parte de él que tiene tantos planes y sueños, que se ve a futuro; me abrumo porque mi corazón se ilusiona tan rápido como se rompe; porque en unos meses cumpliré 20 años, porque voy a la mitad de la carrera. Diosa bendita, ¿y si no logro graduarme?, ¿o conseguir trabajo? Yo estoy en ciencias sociales, él en ingeniería, no es difícil saber quién se va a encontrar en desempleo. 

También está el detalle, nada pequeño, de que soy sobreviviente de violencia sexual, que ando por ahí muy feliz y de la nada un recuerdo se desbloquea en mi mente, que a veces el suicidio todavía me parece tentador, porque es la opción más fácil, pero no es opción; de ahí se derivan muchos de mis miedos, como a ser mamá o a no serlo, a casarme o no casarme, y, sobre todo, a fracasar en esto, a no sanar nunca. 

“¿Quieres un departamento en Juriquilla o una casa en Real Solare?”. No tiene idea de lo mucho que lo amo, pero esto se siente como un bombardeo. Él está pensando en qué podremos pagar y yo pienso que vivir juntos significa compartir espacios, que mi cama no será solo mía; que no será una habitación propia, sino compartida; un baño para los dos; ver mi cepillo de dientes junto al suyo; acalorarnos en las noches de invierno y enfriarnos en las de verano.

Pienso, y mientras más lo hago, más me aterra, que no todas las parejas sobreviven a compartir vivienda, así como no todas sobreviven al matrimonio o a los hijos o a un aborto. 

Pienso que ya tenemos un protocolo para esas noches en que las pesadillas me ataquen, que me encantaría encender la luz y ver su rostro al dormir; que él va a cocinar y yo lavaré los trastes; que él cuidará de las plantitas y yo de los perritos. Pienso que no quiero que terminemos nunca, que por fin logré romper con todas las relaciones violentas que tuve; no quiero perder esto. 

No sé si pierdo mi tiempo pensando en futuros posibles y no tan exitosos, no sé si sólo debo disfrutarlo y dejar que las cosas pasen. Supongo que el miedo a fracasar o a que las cosas no salgan como una quiere, es otra experiencia que se comparte en colectivo; me da miedo perder esto tan lindo, pero creo que me asusta más no darme la oportunidad de estar con él y ver hasta dónde podemos llegar. 

Quiero que vivamos juntos, que viajemos juntos, que adoptemos un gatito. Quiero aprender a manejar, publicar una novela, seguir bailando; quiero un departamento bonito, cerca de un parque, y, que después de muchos años, siga estando tan enamorada como en este escrito.

Tal vez deba tomar al fracaso en cuenta para ser mi musa, después de todo, le tememos, pero también hace de nuestras vidas más interesantes, mantiene la trama en suspenso y en alerta y no siempre resulta ser malo; por ejemplo, si yo no hubiera fracasado en mi intento de suicidio, Sam y yo no estaríamos juntos.

-Mar Mora

Ginger and Rosa

A veces, de tanto en tanto, aparece una película o serie que nos dice tanto de nosotras y del mundo que habitamos que sentimos la necesidad de hablarle a todas de esta experiencia avasalladora que acabamos experimentar; entonces, nos proponemos la noble labor de evangelizar con la palabra de aquello que nos acaba de abrir los ojos. Así me siento desde que vi Ginger y Rosa.

En espera de no subir demasiado la expectativa de la película, les traigo una reseña, escrita desde esta vida transformada que me ha dejado, con su película, Sally Potter. Ginger y Rosa nos cuenta la historia de dos jóvenes, amigas, prácticamente, desde el nacimiento.

Veremos a estas dos enfrentarse a la pérdida de la inocencia, al dejar de ser niñas para ser mujeres, ¿qué podría salir mal?

Rosa es esa chica kul que hace cosas “de grande”, fuma, se maquilla, es coqueta, es directa, parece que tiene todas las respuestas en la mano. Aunque también se siente solitaria, su padre se marchó cuando ella era pequeña y se convirtió en el otro adulto de la familia, junto a su mamá. Rosa tuvo que crecer de pronto, no tuvo la oportunidad de una transición.

Ginger, por otro lado, tiene a ambos padres, se lleva mal con su madre, la cree tibia; admira a su padre, por ser rebelde, de izquierda, un artista. Ginger cree que otro mundo puede ser posible, le gusta la filosofía, sabe de feminismo, quiere ser poeta (spoiler: ya lo es). Ginger es, en muchos sentidos, normal, una adolescente promedio, por ello, dejar la inocencia será como recibir una cubetada de agua fría.

Rosa se descubre desde el mundo sensible, la sensualidad, lo tangible; intenta, a través de su cuerpo, asir la vida que le rodea, las personas, las experiencias. Proceso que se vuelve más interesante porque Rosa es muy católica, le gusta el juego de la culpa, de romper la regla, pero de saber también que hay alguien que te quiere incluso cuando te equivocas, sólo es necesario el arrepentimiento.

Por otro lado, Ginger navega el mundo de las ideas, la intelectualidad le hace sentir la libertad, el impulso de la juventud, la rebeldía desde su carácter tan introvertido. Duerme aún con sus peluches, no ha besado a nadie, su interés romántico se despierta con figuras interesantes, con pensadores. Por eso admira mucho a Rosa, porque ella es capaz de existir cuerpo a cuerpo, sin miedo aparente.

A Rosa la cubre la violencia directa, los golpes en el cuerpo, el abuso, el sometimiento, se desprende de su cuerpo para ser de otros, ser a placer, sufre el abandono; para Ginger es simbólico, la violencia viene del sistema, la mentira, el engaño, la incapacidad de ser escuchada, la traición. Dejar de ser niñas es complicado.

Sally Porter nos pregunta ¿cómo se pierde la inocencia?, ¿qué se pierde una cuando de pronto ya es mujer, cuando ya tienes que serlo?, ¿qué es más transformador: la certeza de una muerte inminente, la muerte del padre ideal o la pérdida de la mejor amiga?

Esta cinta del 2012 tiene personajes tan bien construidos que es fácil identificarse con ellos, de odiarlos, de ver a otros en sus zapatos. La realidad que vivimos hace que sea extremadamente violento ser niñas, adolescentes, mujeres; hace que desde el segundo uno estemos atravesadas por violencias y ausencias, por sueños rotos, por imposibilidades, y lo único que a veces hace ello soportable es tener a una amiga, que también es humana y se equivoca, que sufre.

Para mí, Ginger y Rosa es sobre crecer y descubrirse, sobre entender a otras mujeres y ver que, en realidad, no somos nuestras propias antagonistas, sino que hay mucho más allá.

-Alice G.

Recibir correspondencia ¿de forma segura?

Cómo utilizar el cotizador website de correos de méxico? | Blog SkydropX

A las feministas siempre se no acusa de ser exageradas, que si la violencia no conoce género, que a todos nos pasan las mismas cosas porque vivimos en tiempos violentos y un largo etcétera. Sin embargo, vivir en una sociedad regida por el patriarcado y en la que se nos suele considerar objetos hace que cuestiones simples, como recibir o enviar correspondencia, puedan volverse situaciones de riesgo.

En nuestra ciudad, por ejemplo, una morrita dueña de un bazar, contó en sus historias de Instagram el acoso que sufrió por parte de un empleado de Correos de México y la nula capacidad para actuar de dicha dependencia, cuando denunció lo ocurrido. Su denuncia fue secundada por varias mujeres, tanto dueñas de otros bazares como chicas que reciben paquetes con frecuencia, contando situaciones parecidas.

Por ello, nos pusimos a investigar y encontramos dos alternativas para recibir paquetes de manera un poco más segura, que igual te ayudarán si te da ansiedad, como a mí, dejar tu dirección en todos lados. Tenemos dos alternativas, una gratuita y una de cobro, pero que igual es muy barata. En las siguientes líneas te mostraremos las características y requisitos de cada una, así como sus ventajas.

La primera opción es la renta de un apartado postal. Un apartado postal es una especie de locker al que llegan todos tus paquetes, se te entregará una dirección y un contrato anual. Para ello necesitas ser mayor de edad y acudir a la oficina de correo para solicitar las formas S.P.M. 162, “Solicitud de Arrendamiento de Cajas de Apartado” y SPM-DC-004, así como presentar original y copia de tu credencial de elector y copia y original de tu RFC (en caso de que quieras arrendarlo como persona moral) y una carta poder con todas las personas autorizadas a recoger tus paquetes.

El contrato de arrendamiento dura un año calendarizado, es decir, terminará el 31 de diciembre, sin importar el mes en que se haya iniciado. Respecto a los costos, la renta para personas físicas está en $300 y para personas morales $927. La principal ventaja de este medio es que tus cosas estarán ahí hasta que puedas ir por ellos, sin peligro de que se pierdan o regresen a bodega.

Además de la seguridad que nos brinda por ayudarnos a mantener nuestra dirección de manera privada, otra de sus ventajas es que se entregan de manera más rápida, pues no se tiene que esperar a la fecha de recolección. También te puede servir si sales de tu ciudad con frecuencia y nadie puede recibir tus paquetes, o si te mudas con frecuencia no tienes que actualizar tus direcciones de envío.

Nuestra segunda opción es la lista de correos. Su primera ventaja es que es completamente gratuita y no requiere tantos trámites. Sólo necesitas acudir la oficina de correos de tu preferencia con tu credencial del INE. Correos pondrá tu nombre en la lista y recibirá tus paquetes en ventanilla y sólo te los entregará a ti.

La desventaja de este servicio es que sólo están en la oficina postal 15 días, por lo que tienes que rastrear con frecuencia, pues después de esos 15 días son enviados a una bodega, en la que aún puedes recogerlos, pero es más difícil. Está alternativa también te permite recibir en otros estados. Sabemos que lo ideal sería no tener que preocuparnos por recibir las cosas que compramos en otros lugares, pero nunca está demás cuidarnos. Esperamos que les sirvan este escrito y cualquier duda pueden resolverla en su oficina de correo más cercana.

-Diana Oliva

Resistencia a las indicaciones

Acomodé la pierna, la desacomodé y la volví a acomodar. Me temblaron los dedos, las pestañas y sudó la espalda, tantas fueron las réplicas que el vacío atentó con quitarme la guitarra. Más allá de escuchar las indicaciones, estuve al pendiente de mi respiración alterada y mi nula capacidad de descifrar instrucciones: “Es sencillo, se trata del primer ejercicio, sólo bajas el dedo…”, para mí sonó como [Inserte ruido de estática en el televisor, luego añada un golpeteo de un corazón poco sano, el borboteo de unas lágrimas que amenazan reaparecer y algunas explosiones de autos perdidos en la historia]. No pude, quise separar el dedo rebelde de mi mano o cortarme la mano por desobediencia, también pensé en salir corriendo, pero nunca en abandonar el salón.

¿De dónde provino el miedo? Estuve casi seguro de que los trabajos inconclusos para la universidad, aquellos que fueron resultado de una buena idea, mas no alcanzaron a cuajar en la teoría o se quedaron cortos al pasarlos por las teclas… uno de ellos se hacer llamar “La Tesis”. Oh, oh, oh, oh, no, vino de aquel concurso de oratoria, en el que las palabras se aglutinaron en las paredes de la garganta, amenazaron con no salir y no salieron más que en forma de disculpas y velocidad en mis pies. Ay, qué tonta, por supuesto que no, vino de más atrás.

Se lo adjudiqué a esa “pasarela”, en la que se eligió al “más inteligente” sólo por su apariencia física y no fui yo; siempre pensé que se trataba de una tontería promover entre los niños esta idea de juzgar a partir de lo que ven en las personas [inserte musiquita triste, algunas sorbidas de moco, una cara de asco y la desaprobación de una adulta crecida en otra generación]. Me di cuenta de que estuve mintiendo, otra vez, el miedo sólo pudo tener un origen, la increíble actuación en el concurso para formar parte del “Parlamento de las niñas y niños”, preparé mis cartulinas, me paré ante el panel de jueces, salieron las palabras que elegí y no fue suficiente.

Recordé un episodio anterior que hizo la participación se viera como un capricho. El génesis de mis males fue en el Jardín de Niños, cuando no pude colorear sin salirme de la rayita y a la niña de al lado le pareció buena idea decirle a la maestra, vi su dibujo, para el que utilizó la gama más desafortunada de colores y trazos accidentados, las formas fueron más malas que las mías, pero ella tenía la autoridad que sólo la edad otorga, esos meses de más fueron mi ruina. Como era de esperarse, me regañaron aquella vez, nunca pude perdonar a esa entrometida, así que es un rencor que guardé hasta el presente.

Recapitulando, supe que no fue su culpa, estuve abonando día a día nuevos errores. El miedo a fallar apareció como una bolita de polvo que creció hasta no caber en ninguna habitación, después se mudó de casa, pero siguió visitándome a ciertas horas. Cuando me ofreció, anillo en mano, acompañarme por la eternidad, lo acepté entre emocionada y fastidiada. Llevamos tantos años juntos que no puedo imaginar un día sin su existencia, no intenté dejarlo nunca, al contrario, sigo preparándole sus comidas favoritas, “nuevas inseguridades” e “inseguridades desbloqueadas”, algún día hablaré de eso, pero no será pronto.

-Vainilla

I care a lot

“If you can’t convice a women to do what you want,
then call it a bitch and try to kill her ”

Marla Grayson, I care a lot

Hola, hola. Hace un par de semanas me vi esta película que estaba por todo el Internet. I care a lot (2020), producción canadiense, de la mano de Netflix, llegó este 2021 a muchos hogares. Esta cinta nos presenta a una tutora legal, es decir, a alguien que se hace cargo de todos los asuntos jurídicos y financieros de una persona cuando ésta está incapacitada, por enfermedad o alguna otra razón.

Entonces, Pike, que podemos recordar de Gone Girl (2014), en el papel de Marla Grayson es la directora de una empresa dedicada a la tutoría legal; aliada de una doctora y directivos de asilos, se dedica a vaciar las cuentas de sus clientes. La trama comienza cuando, al parecer, descubren a una mujer que parece perfecta para el fraude, pero la cosa no será tan fácil.

El filme nos irá mostrando cómo se mueven las piezas una a una, en este juego de ajedrez, llevado por Marla y su antagonista. No les cuento mucho de la trama porque en este tipo de thriller lo importante es que una se vaya impactando de las acciones que toman una u otro.

Lo que puedo destacar es que Marla Grayson es un personaje sumamente cínico, se sabe en un juego de poder, donde los ricos y los hombres ( y sus intersecciones) tienen las de ganar; es consciente de que ser mujer la pone en desventaja pero decide no jugar a la presa y ser, más bien, el depredador.

Todo en este personaje es sobre el control, el cabello, el atuendo, las víctimas; y será el control lo que la lleve hasta las últimas consecuencias. Bastante cercana al llamado “antihéroe”, antiheroína en este caso, Pike responderá agresivamente a sus rivales, sin importarle si pierde la vida en ello.

Esta película hace una crítica a la meritocracia, nos dice que es un mito creado por la gente rica y que, en realidad, no existe la gente buena, sólo la que sabe las reglas del mundo en el que vive y las usa a su favor.

Cabe mencionar, y que fue el hype del Internet, que Rosamund Pike y Eiza González nos llevan a la pantalla una relación lésbica que, como en pocas veces, no está turbo sexualizada, más bien vemos ternura, nada forzado y con bastante naturalidad, a diferencia de otras ocasiones en las que el personaje homosexual dice que lo es cada dos minutos y sin sentido alguno.

En fin, si te gustó Gone Girl o eres fan de este tipo de tramas, de estrategia, medio thriller psicológicos, te va a gustar I care a lot, que se va bastante rápida y entretenida, aun cuando dura dos horas; cuando la veas vienes y me cuentas qué te pareció el final. Yo le doy un ¿8? de 10, porque me parece que se pudo hacer más con la tensión; pero, bueno, lo que importa es que me digas tú qué opinas. Hasta la próxima.

-Alice G.

La revuelta de las Fracas-hadas

Fracaso
1. m. Malogro, resultado adverso de una empresa o negocio.
2. m. Suceso lastimoso, inopinado y funesto.
3. m. Caída o ruina de algo con estrépito y rompimiento.

En el reino del mundo que los humanos llaman “mágico” o “mítico”, existimos muchas clases de hadas; algunas rocían las flores por las mañanas, otras te esconden las llaves de la casa, algunas, incluso, entretienen a tus mascotas cuando no estás. En esa variedad de oficios, existimos las fracas-hadas, es bastante difícil llevar la distinción con orgullo, porque la gente nos tiene pavor, creo que ni a las hadas de la muerte les temen tanto, y eso que nosotras estamos ahí 24/7.

Como hada del fracaso me ha tocado ver cantidad de cosas: llanto, enojo, objetos volar por los aires, súplicas al viento y mucha, pero mucha, frustración. Es raro, porque la mayor parte de las ocasiones, aquello que salió, como ustedes dicen, “Mal”, viene de una imposición; por ejemplo, cuántos jóvenes no son infelices porque no cumplen con requisitos que sus padres les impusieron, sin tomar su contexto o sus sueños. Lo que quiero decir es que el fracaso se define muchas veces desde fuera, a comparación o pretensión de otros; ni el fracaso se dejan abrazar, conquistar, hacer propio.

Algunas personas dicen que somos simplonas, que las fracas-hadas nos contentamos con cualquier cosa, me gusta más pensar que somos inventivas, que de cualquier situación inesperada podemos crear. Porque, si lo piensan, si ustedes suman dos más dos, siempre va a dar cuatro, pero en la vida real no es tan fácil, a veces dos nos hacemos uno, o tres o cinco, y tenemos que trabajar con eso, salirse de la las líneas crea líderes, pensar diferente ha hecho que la humanidad avance.

Díganme ustedes, si Marie Curie no nos hubiera tenido ahí, experimento tras experimento, falla tras falla, habría logrado dos premios Nobel; si Malala no hubiera sido inesperada, inusitada, la educación de tantas niñas no sería realidad. La verdad es que del fracaso, del reintento, de la inventiva, de pensar fuera del dos más dos, vienen los logros más grandes del universo. Por eso, hoy, venimos a pedir, no, reformulo (porque de eso se trata), venimos a exigir que se nos llame, de ahora en adelante, inesper-hadas, que eso del Fracas-hadas nos tiene estigmatiz-hadas (y esas ya son otra jurisdicción).

Si las cosas siempre salieran según el plan, la existencia no sería tan entretenida; que, digo, lo inesperado no siempre es negativo, imagina que compras un boleto de la lotería pensando en ganarte, no sé, mil pesos, pero en su lugar te ganas cien mil, esa no era la idea, pero ¿vas a enojarte por eso?

En fin, esta es nuestra defensa, nuestra propuesta y, en caso de ser necesario, nuestra renuncia; nosotras estamos ahí siempre, cuando sale mal y cuando sale mejor, cuando para llegar de A a B hay mil caminos y no puedes decidir, cuando tienes que improvisar, cuando te sientes sola. Esta reivindicación es justa y necesaria, no sólo para nosotras sino para ti, que le tienes miedo al fracaso. a no llenar expectativas, a salirte del plan.

El fracaso es natural, es aprendizaje, es valiente; las fallas son las que hacen temblar a la tierra, las que rompen, cambian, transforman. Así que, cada vez que nos veas, no sientas miedo, siéntete creativa.

Disruptivamente,
las inesperadas, violentas, inventivas, fracas-hadas.

Moxie

Moxie (2021) crítica: la película de Amy Poehler para Netflix es una  efectiva dramedia adolescente sobre el empoderamiento femenino

Hola, estamos de vuelta con las reviews de películas y el #YaNoVeoPelículas, que es muy cierto porque llevo meses viendo únicamente Orgullo Prejuicio, pero otro día hablaremos de eso. En fin, esta semana Netflix estrenó en su plataforma Moxie, de la directora Amy Poehler; desde que vi el trailer me emocionó muchísimo, pues refleja una mini revolución feminista en los pasillos de una preparatoria. Por fin llegó el tan ansiado día y puedo decirles que estoy bastante complacida.

Entonces, la película va de que Vivian, la protagonista, va a la preparatoria donde nadie se cuestiona la misoginia que se vive, o eso parece; las estudiantes son rankeadas en una lista según “el mejor trasero”, “la más cogible”, “los mejores pechos”, etc.; los profesores tienen nulo interés en estas problemáticas, el capital de americano es un imbécil, en fin, una lista interminable de actitudes machistas.

Sin embargo, y como en cualquier trama, algo sucede: aparece la “chica nueva” que, a diferencia de las demás, decide no ser indiferente, enfrentarse a sus acosadores, denunciar lo que vive. Gracias al universo por Lucy Hernández. Como era de esperarse, los muchachos no están muy de acuerdo con que alguien se les pare de frente y la acosan colectivamente; de nuevo, nadie hace nada.

La cosa va escalando hasta que, inspirada por Lucy y su madre, que fue muy activa en el feminismo en su juventud, Vivian decide hacer algo, recrea algunos Zines de su mamá y los lleva a la escuela, así nace Moxie. Esta revista ayudará a que las chavas de la escuela se unan en contra del machismo que viven, les da la fuerza para señalar a sus agresores, al doble estándar, a las injusticias que sufren por ser mujeres.

A lo largo de la película se plantean diversas realidades, o por lo menos lo intenta, así que tenemos una chica trans a la que no le es respetada su identidad, una mujer en silla de ruedas para la que la inclusión no existe, varias mujeres afrodescendientes y/o migrantes; y claro muchas mujeres blancas, pero en primer plano y con gran fuerza vemos discursos de otras realidades menos representadas.

Entonces, recapitulando, Moxie (2021) es una película bastante ligera, donde vemos representadas diversas situaciones reales que las mujeres vivimos, no sólo en la escuela; tiene una amplia diversidad en temas y nos queda claro que es pro interseccionalidad, que en lo personal celebro; uno de los errores de la película es que, como dice el dicho, el que mucho abarca poco aprieta, y es que vemos tantas realidades, tantos problemas que era imposible que se les diera solución a todos; por ejemplo, la morra en silla de ruedas nunca la vemos con el problema resuelto; también se habla de una violación, pero muy por encima. Le falta tiempo a esta película ya bastante larga.

Otro desacierto es que a Vivian, la protagonista, me le ponen una historia de amor, y no digo que el amor adolescente no sea interesante o importante, pero la película ya tiene muchas cosas pasando, tampoco era necesario tener una parejita, que además hace hincapié en esta fantasía llamada “Aliado”, porque supongo que es lo que toda feminista quiere ¿no?, lejos del príncipe azul buscamos al Aliado que marche detrás nuestro. O sea, chance yo sí, pero no me parece prioridad en la agenda feminista; hasta en el póster sale este hombre.

Entonces lo único que podría discutir de la película es que queda corta para todas las cosas que quiere mostrar, peeeero es una gran avance, porque también funciona como “aquí hay un montón de problemas” agarren uno. Ojalá otras producciones puedan retomar alguna de las cosas presentadas en Moxie y desarrollarlas a profundidad. Sobre todo con esta manera de transmitir, porque he de decir que esta película te hace sentir, enojada, inquieta, inspirada, esperanzada; te hace sentir menos sola en esta lucha e ilusionada porque las que vienen, las que ya están, tampoco quieren bajar la cabeza.

Y miren, claro que está funcionando la película, no saben la cantidad de reseñas de hombres enojados he visto en internet, porque el feminismo incomoda, nuestra existencia les incomoda. Este film nos recalca que la indiferencia es fácil, que es más sencillo aguantarte, disculpar a los hombres porque son hombres, boys will be boys, que encontrar tu voz es atemorizante pero vale la pena.

También nos muestra que tal vez no será mañana la caída del patriarcado, que no siempre vamos a ganar, que ellos nos llevan mucha ventaja en este sistema tan podrido; pero no hay más que seguir luchando, a un lado de mujeres increíbles, valientes, fuertes empáticas. Moxie está para recordarnos que esto, el feminismo, es hasta que la dignidad se haga costumbre.

Alice G.

Mujeres, violencia y narcocultura

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El debate que surge en torno a la violencia se remite también a un aspecto que intenta acercarse a descifrar la naturaleza humana. Sea o no parte innata de ser humano, la violencia se vive día con día, en múltiples espacios y de diversas formas que, motivadas por alguna razón, llevan siempre a más violencia.  El narcotráfico y todo lo que ello envuelve es quizá una de las expresiones de violencia más latentes en el país.

Si bien la mujer es vulnerada en muchos aspectos en el día a día durante las prácticas sociales aceptadas, en el narcotráfico la figura de la mujer se reduce a un mero objeto con el cual hacer negocio, dentro de un sistema capitalista que, hasta ahora, ha reducido la identidad, tanto colectiva como individual, a meros aspectos materiales que tienen que ver más con el dinero y el poder. La narcocultura que ha imperado durante los últimos años se ha familiarizado y automatizado tanto que los actos de violencia y las figuras como tal son aceptadas e, incluso, vitoreadas.

La sociedad ha desarrollado tanatofilia y esto ha convertido a la violencia en espectáculo, más que en un problema que se desee erradicar. Tal pasa con el narco en México, las figuras se han exaltado y, para los sujetos subalternos que son a la vez receptores de otras múltiples violencias, ven en éste un espacio en el cual se justifica su violencia y, además, se les otorga un poder que, antes, como sector vulnerable no tenían. La figura de la mujer al interior de esta cultura ha estado presente desde hace ya unos años; sin embargo, ¿cuál ha sido su papel? Como se mencionó en un principio, como objeto, empero, también puede ser sujeto que ejerce violencia, aunque en realidad, nunca deja de recibirla.

Uno de los géneros literarios en los que predomina el tema del narcotráfico es la crónica, más allá del cuento y la novela, éste ha sido un espacio para relatar de manera más concisa los hechos violentos. Las mujeres también han incursionado en esta área, como el caso de la escritora mexicana Fernanda Melchor, quien, a través de crónicas, nos relata cómo la sociedad ha ido poco a poco normalizando las violencias pertenecientes a este sector, entre ellas, todas las dedicadas a las mujeres. El hecho es preocupante, es por ello que las invitamos a que nos compartan sus ideas y sus posturas respecto a este tema, ¿es empoderante la mujer que entra a este sector?,  ¿o en este se ve atravesada por otras violencias?