Amar sí, ¿pero a qué costo?: el amor romántico no es amor

Qué difícil es hablar de amor a pesar de que un bombardeo de ideas, productos culturales y presión social, nos lo recuerdan a cada momento. ¿Qué clase de amor hemos interiorizado?

Si bien las experiencias individuales podrán resolvernos la pregunta, existen patrones a lo largo de nuestras experiencias, las de nuestras amigas, madres, tías, abuelas, conocidas, etc. Estas constantes nos han dejado marca, de alguna u otra manera y, aunque se padezcan los males de este amor, la fuerza con que se ha arraigado cierta concepción de lo que es vivir este concepto abstracto, desprenderse resulta una tarea extenuante y difícil.

¿De qué manera nos ha cambiado el amor? ¿Cuánto hemos sufrido por amor? ¿Cómo nos hemos dejado sufrir?  En la cultura popular el amor romántico ha sido representado siempre de dos formas (aunque con sus debidos y múltiples matices): una parte en la que todo es bello y otra en la que el amor es un detonante de dolor intrínseco.

“Morir de amor” es una frase que escuché desde siempre, sin embargo, siempre me sonó hueco, no concebía la idea de que la ausencia de una pareja anulara la propia existencia, como si en la individualidad no se tuviera valor.

Hablar de amor romántico es hablar también de todo aquello que ha trastocado en torno a la justificación de múltiples violencias. Es hablar también de cómo el amor ha sido una herramienta mediante la cual, las mujeres han sido contempladas como meros objetos cuya trascendencia sólo cabía dentro de esta concepción, en la que el amor para la mujer era el fin único de su existencia, un medio por el cual se le podía dar valor. Kate Millet ya lo mencionó en algún punto y lo recuerdo aquí porque lo considero necesario.

“El amor ha sido el opio de las mujeres, como la religión el de las masas. Mientras nosotras amábamos, los hombres gobernaban. Tal vez no se trate de que el amor en sí sea malo, sino de la manera en que se empleó par engatusar a la mujer y hacerla dependiente, en todos los sentidos”

El amor romántico ha sido (y lamentablemente sigue siendo), un motivo por el cual la mujer se ha sometido y se ha dedicado al sacrificio de ciertos aspectos en su vida diaria, así como ha sido también detonante de una cadena de violencias que terminan por vulnerar aspectos tanto físicos, psicológicos, económicos, sociales, etc., en la vida de miles de mujeres, aunado a la idea de pertenencia de la que son objeto.

Las prácticas e imágenes que se insertan desde temprana edad a niñas y niños sobre el amor, juega un papel importante en la concepción de cómo se vive y se ama. Cuestionarnos la forma de amar para crear relaciones más sanas en donde prioricemos nuestro bienestar sin afectar a segundos o terceros es posible. Es importante recordar que, más que en una pareja sexo-afectiva, el amor lo encontramos en muchos lugares y personas, en los amigos, en la familia, en nuestras pasiones, pero, sobre todo, en una misma (los procesos son difíciles, pero se llega).

-La sadinside

Mercadito: Oshibana

Después de una larga ausencia, estamos de vuelta, con energías recargadas y muchísimas ganas de seguir trayendo para ustedes negocios chidos de morritas, así que, antes de hablarles sobre el que elegimos para hoy, me gustaría invitarlas a contarnos sobre productos o servicios que crean deberíamos mencionar. Saluditos y recuerden comprar con su neni de confianza.

Oshibana art es un negocio zacatecano que plasma diseños, tanto de sus creadoras como de sus clientes, coloreando con pétalos, hojas y diversas plantas que pasan por un proceso de prensado. El nombre viene de Oshibana una palabra japonesa que se traduce como “flor prensada” y su uso se refiere a la utilización de flores y varios tipos de plantas para el diseño o creación de cuadros o imágenes que tienen como base los elementos mencionados.

El proceso, como nos cuenta su creadora y propietaria, empieza con la recolección de las plantas que van a utilizarse, después el prensando, elegir el diseño y termina con la elección del cuadro que va a enmarcar cada modelo. Por su realización, cada cuadro es único.

Entre los productos que puedes adquirir también se encuentran fundas para tu teléfono, diseñados con la misma técnica de prensado, y sombreros pintados a manos.

Comprar aquí es muy sencillo, puedes consultar los modelos disponibles en su cuenta de Instagram @oshibanaart_ o pedir un diseño personalizado, cuenta con entregas personales en la capital zacatecana y envíos a toda la República. Además puedes encontrarles todos los sábados en Bazar Alameda, en la Alameda de Zacatecas.

No sé ustedes, pero a mí, todo lo que tiene flores o naturaleza muerta me encanta, pero díganme ¿no les suena a un maravilloso regalo una foto suya y de su mejor amiga, mamá, hermana, pareja, ilustrada con plantas?

#TDV: RebeO, la cocinera que hizo de TikTok el lugar de mis sueños

Si pensaron que ando en el «cuarto de siglo», debido a mis gustos en series y caricaturas, no están equivocadas. Por esa simple razón es obvio que soy la prima que no está en onda, la que nunca ha tenido TikTok y se entera de las modas hasta que llegan a Facebook (el brontosaurio que camina, sobre todo, en las pantallas de los «sin terrenos» y los «sin prestaciones de ley decentes»).

Apenas hace unos días me sorprendí muy entretenida con TikToks de maquillaje, reciclaje y comida. Harta de platillos repletos de queso para nachos y cheetos flaming hot, reflexioné sobre lo que están comiendo los jóvenes y por qué llama la atención anotar recetas que en teoría se ven buenas, pero en práctica me aseguran sobresaturación del sabor o calorías innecesarias. Después me topé con la página RebeO: Recetas fáciles, lo cual mejoró considerablemente mi vida.

Investigando un poco, di con su canal de YouTube e Instagram, consolidando mi obsesión por sus creaciones. Si de hablar de Rebe se trata, considero importante destacar que es súper carismática, agradable y sus reacciones son lo suficientemente transparentes como para creer en su palabra (si dice que «está bueno», para mí lo está). Su experiencia haciendo videos es amplia, pues tiene algunos años horneando éxitos en YouTube y formando una comunidad que asciende a 1.79 millones de suscriptores.

Aunque su «mero mole» es la repostería, no huye de la cocina salada y las bebidas. Cuando realiza platillos basados en TikToks predominan los sabores y técnicas poco convencionales, así que es interesante quedarse hasta el final para ver el resultado, más aún cuando desmiente las expectativas. Hasta este momento van 10 partes de la serie de videos “Recetas Virales TikTok”, asunto que a muchos nos gustaría que continuara.

¿Qué diferencia a RebeO?

Todo, en serio, todo YouTube está repleto de canales que reproducen hacks y recetas de TikTok; sin embargo, RebeO destaca. Desde el centro de mi alma creo tener la respuesta: esta joven hace comentarios graciosos sin forzar, elige bien sus batallas, saliendo bien librada en la mayoría, hace que el resultado final se vea atractivo y es súper cuidadosa con la apariencia en cámara de sus creaciones.

Ahora, para celebrar que es un ser maravilloso, les comparto el top 3 de videos que hicieron que naciera en mí la cosquillita por abrirme un TikTok:

En el número tres se encuentra:

Un poco más arribita está:

El mero, mero perrón es:

Nota: Evita comprar molcajetes en tiendas departamentales, los materiales pueden ser dañinos para tu salud.

Flor de Hibisco

#TDV: 4 platillos de la televisión que se te antojaron en la infancia

Tengo una buena historia sobre el momento que inauguró mis recuerdos, pero no pretendo usar esta entrada para eso, sino para confesar, acá entre nos, que en casi todos hay comida de por medio. Cuando era pequeña se me antojaba todo lo que parecía comestible en la televisión, al grado de imaginar cómo se sentiría morder a los cubitos ‘dubidú’.

En fin, aunque se me hizo probar la pizza de las Tortugas Ninja a los 4 años y creció mi gusto por las zanahorias después de Las aventuras de Henry, algunos antojos se perdieron en el tiempo, hasta que crecí y empecé a experimentar en la cocina.

Desde que vivo sola he invertido mis días en Youtube, así que la casualidad ha sido bondadosa y me ha traído las recetas que no sabía que necesitaba. Esta ocasión hablaré un poco de las series y películas que me abrieron un huequito en el estómago. No se preocupen, cada preparación que mencione tendrá un enlace al video de donde saqué la receta, tanto original, como en su versión vegana:

1.Tubbipapilla: Teletubbies

A pesar de que ahorita me da un montón de miedo por un episodio de X-files, en su momento creí que el lugar donde vivían los Teletubbies era perfecto. La línea entre lo utópico y lo distópico es delgada, pues los personajes lucen irremediablemente felices, pero no tienen la capacidad de hablar; tienen tecnología a su alcance, pero las fallas son constantes.

En la serie había dos platillos principales, si no es que únicos: la tubbipapilla y las tubbitostadas. Lo que más me atraía de la primera era el color rosa, similar al del atole de guayaba artificial y muy parecido al de las gelatinas de fresas con crema. Hace unos días, mientras pensaba en esta entrada, me di cuenta que fácilmente podía sustituirse con una mousse de fresa, tal como éstas:

Cocina Para Todos (Mery es súper graciosa, amo su canal):

Giuliana Hidalgo:

2. Delicia turca: Las crónicas de Narnia: el león, la bruja y el ropero

La primera película de Narnia me dejó sin palabras por días, me gustó tanto que intenté hacer mi propio mundo en el ropero… Tal vez no funcionó como quería, pero inicié mi propio periódico (historia para otra ocasión). Uno de los momentos más memorables fue cuando la Reina Blanca ofreció dulces a Edmond y él tomó una delicia turca. Creo que mi hermano y yo duramos meses viendo la película todos los días esperando descifrar de qué bocadillo se trataba; así que ahora que sé lo que es, les comparto su modo de preparación::

La Cooquette:

Lembas Gluten Free:

3. Empanadas: Las locuras del emperador

Esta es una de mis películas favoritas en la existencia. Recuerdo que una vez estuve a nada de implantarme un sueño sobre el vapor de las empanadas de Kronk. Varias veces intenté suplirlas con quesadillas, pero le faltaba magia al asunto, así que me puse a investigar:

La Cooquette (de nuevo, para más placer):

Hermanas Parera:

4. Lasagna: Garfield

Amigas, tardé años en conseguir la pasta para lasaña (en mi pueblo no había y nunca se nos ha dado hacer pasta fresca), pero mi vida se transformó cuando por fin la hice. Ahora sí, después de preparar la pasta, pueden comerla tranquilamente frente a la tv, instaladas en su sillón favorito.

Recetas de Esbieta (permítanme decirles que mis hermanos y yo somos adictos a este canal, da una paz que no se la acaban):

Vegan Booty:

Nota: Las papas a la francesa caseras quedan más crujientes si primero las guardan en el congelador y después las espolvorean con harina.

-Flor de Hibisco

#TDV: X-files para una fiesta de ovnis en la cocina

Soy una amante de los avistamientos ovnis e historias inquietantes, aunque soy bastante miedosa mi vida transita entre Leyendas Legendarias, Historias de la conspiración, Gravity Falls, La dimensión desconocida (porque se me hace más chida en español) y, por supuesto, The X-files, motivo de mis alegrías y la excusa para llenar mis vacíos. Mentiría diciendo que mi amor por Mulder y Scully empieza y termina en la pantalla, pues he conseguido algunos artículos desde que terminé la serie: libros, libros para colorear, libretas y hasta una barbie oficial de Dana, por el 25 aniversario del lanzamiento de la serie.

Un día, buscando novedades en Amazon, encontré una joya; el regalo perfecto de mí para mí: X-files Cookbook. No me generé expectativas, ya que la comida en la serie no tiene trascendencia o al menos no, de la forma en la que me gustaría. En “Our town” (temporada 2, episodio 24) la existencia del pollo frito se vuelve asquerosa, al igual que el de las hamburguesas en dos episodios más; para las personas «asqueables» como yo, es más fácil ver la serie sin alimentos cerca o mucho después de haberlos ingerido.

Un «seyor» librazo

Lo compré en digital, para poderlo consultar desde ese momento. X-files Cookbook, a UFO party in your kitchen, es un libro elaborado por Rene Reed, chef reconocida por proyectos similares en los que recupera la gastronomía de The Walking Dead, Supernatural y Dexter. En el libro que me ocupa, existen recetas que van desde la bebida hasta el postre, cada una relacionada con episodios o momentos emblemáticos de la trama, todo con la intención de que los cocineros amantes de Mulder y Scully podamos sentirnos más cerca de sus experiencias. Para mi desgracia, en la portada se ubica un plato oscuro con unas hermosas piezas de pollo frito… imagen que motivó mi asco, pero superé en cuanto vi las recetas en el interior.

Mis recetas fav y los episodios de las que salieron

Pizza: Ya sé que es una de las preparaciones más sencillas que sacan de apuros a cualquiera que tenga harina y puré en casa, pero esta pizza tiene algo especial. En sus ingredientes contiene pimientos, hongos y aceitunas negras; ¿la razón? “Bad Blood” (temporada 5, episodio 12), es un indispensable debido a la estructura narrativa y los recuerdos exagerados de los protagonistas. Para no hacer el cuento largo, mientras Scully hace autopsias, encuentra en los estómagos restos de pizza con estos ingredientes, lo que la motiva a pedir una igual y, de paso, salvar a su compañero de un destino fatal.

Bizarre Fish: El salmón, al igual que “RM9SBG93ZXJZ” (temporada 11, episodio 7), dividen opiniones. Los fans suelen quejarse de los episodios de las dos temporadas recientes, cosa que no comparto con ellos. En fin, en este episodio los agentes del FBI cenan en un restaurante en el que no es necesaria la interacción con otros humanos, Mulder ordena un platillo que resulta poco apetitoso; después de ahí, la historia transcurre casi sin diálogos por más de 30 minutos, mostrando los peligros de ceder poder a las máquinas o confiarles cualquier tipo de tareas.

Esta preparación lleva el salmón a otro mundo, añadiendo cebolla, ajo, tomate, pasta de curry, leche de coco y acompañándolo con arroz. Aunque no tiene relación directa con el episodio impronunciable, está deliciosa.

Alien slime: Desde el episodio piloto hasta el final de la serie, los aliens dan forma a la trama, así que la chef destinó esta receta para resaltar su importancia. No ahondo en las especies extraterrestres o sus manifestaciones, porque es información clasificada por el gobierno de Estados Unidos (jaja bromi); pero sí digo que es el motivo que me orilló a ver hasta 6 episodios de 40 minutos todos los días hasta acabar la serie. El alien slime es sencillo de hacer y agradable al gusto, aunque el nombre lleve la imaginación a otras regiones. Se trata de una gelatina con jarabe de maíz… punto.

Nota: El café con leche sabe mejor si la “leche” es de almendras.

-Flor de Hibisco

Tisanas de viento: Entremés

Traía un suéter rosa con blanco y un vestido claro, mi estatura no alcanzaba la mesa y difícilmente podía subir sola a una silla, no obstante, mis ganas de meter las manos en la masa eran tales que fui por un mandil y pedí que me pusieran enfrente del asunto. No sé cuál era la celebración en turno, ni por qué se requería una cantidad tan aparatosa de tamales; tampoco recuerdo la consistencia que encontraron mis dedos en el recipiente, ni la esencia predominante del día, pero al ser mi primer encuentro con la cocina lo atesoro en más rincones de los que me sería útil.

Ese espacio de tres por tres se convirtió en mi lugar, me gustaban las licuadoras prendidas, las visitas esporádicas de las batidoras y el olor del horno al precalentarse. Ya que mi familia tiene una cenaduría, desde muy chica aprendí el truco para que el frijol no se cayera de las gorditas y supe cuándo el repollo ya no aguantaba una hora más.

A los diez años me soltaron la estufa y casi volé el microondas al meter brochetas envueltas en aluminio. Las primeras recetas que “inventé” fueron vegetarianas porque la carne cruda me aterrorizaba, pronto distinguí cuáles especias iban bien con cuáles sabores y cuáles era mejor dejar empolvarse. De los trece a los dieciséis quise ser chef, tanto así que mi programación se componía, únicamente, de canales de cocina por televisión. Después llegó la literatura echando a perder todo (jaja bromi).

Tras mi alejamiento de las cocinas, busqué canales de Youtube en los que compararan la pizza más cara y la más barata del mercado, me explicaran a qué sabe el cuy o reseñaran restaurantes. La sustitución fue exitosa y las ansias por ampliar mi bagaje gastronómico se aplacó sin registrar memorias en el gusto u olfato. Me declaré amante de Masterchef y sus chistes malos, de guardar recetas con ingredientes inconseguibles o ver tiny cooking por horas. Un poco más tarde, al sellar mi destino godín en los medios de comunicación, reconfiguré mis sueños, me sorprendí pensando en revistas gastronómicas. Empiezo esta columna debido a que el gremio que anhelo es celoso y rastrear un contacto para ingresar parece más difícil que hacer repostería sin experiencia ni medidas.

Hablaré de recetas, canales, haré reseñas de restaurantes, criticaré las pasas como si en realidad no me gustaran y enlistaré las razones por las cuales conviene hacer el yogurt griego y no comprarlo. A partir de hoy, cada martes me abriré a un público desconocido para mostrar una pasión no tan oculta. Hasta este momento no sé hasta qué punto servirá mi formación literaria en este espacio, así que estoy emocionada. Saquen las miserables, sacudan los especieros, vamos a darle.

Nota: La pasta no se quiebra por ningún motivo.

-Flor de Hibisco

Maria

Conceição Evaristo

Olhos D’Água (2014)

Maria estaba hacía más de media hora en la parada del camión. Estaba cansada de esperar. Si la distancia fuese menor, hubiera ido a pie. Era necesario acostumbrarse a caminar. ¡El precio del pasaje estaba aumentando tanto! Además del cansancio, el bolso estaba pesado. El día anterior, domingo, habían tenido fiesta en la casa de la patrona. Ella llevaba para casa las sobras. El hueso de jamón y las frutas que habían decorado la mesa. Obtuvo las frutas y una propina. El hueso lo iba tirar la patrona. Estaba feliz, a pesar del cansancio. La propina llegó en buen momento. Los dos hijos menores estaban muy engripados. Necesitaba comprar jarabe y aquel remedillo para destapar la nariz. Daría para comprar una lata de Toddy[1] también. Las frutas estaban buenas y había melón. Los niños nunca habían comido melón ¿Será que a los niños les gustará el melón?

            La palma de una de sus manos le dolía. Se había cortado, justo en el medio, cuando cortaba el jamón para la patrona. ¡Qué cosas! ¡El cuchillo láser corta hasta la vida!

            Cuando el autobús se asomó por la esquina, Maria inclinó el cuerpo asegurando la bolsa, que estaba en el piso, entre sus piernas. El camión no estaba lleno, había lugares. Ella podría descansar un poco, dormitar hasta la hora de bajar. Al entrar, un hombre subió por detrás del último asiento, haciendo una señal para el cobrador. Pasó en silencio, pagando el pasaje de él y el de Maria. Ella lo reconoció. Cuánto tiempo, ¡qué nostalgia![2] Cómo era difícil continuar la vida sin él. Maria se sentó al frente. El hombre se sentó a su lado. Ella se acordó del pasado. Del hombre acostado con ella. De la vida de los dos en el barranco. De las primeras náuseas. De la panza enorme que todos creían gemelos, y de la alegría. ¡Qué bien! ¡Nació! ¡Era un niño! Y se habría de convertir en hombre. Maria vio, sin mirar, que era el padre de su hijo. Él permanecía igual. Hermoso, grande, el mirar asustado sin fijarse en nada y en nadie. Sintió una tristeza inmensa[3] ¿Por qué no podía ser de otra forma? ¿Por qué no podían ser felices? ¿Y el niño, Maria? ¿Cómo está el niño? cuchicheó el hombre. Los extraño, ¿sabes? Tengo un vacío en el pecho, ¡una gran nostalgia! ¡Estoy solo! No me casé, no quise a nadie más. ¿Tú ya tuviste otros…otros hijos? La mujer bajó los ojos como pidiendo perdón. Sí. Ella tuvo dos hijos más, pero tampoco tenía a nadie. Salía, apenas de vez en cuando, con uno que otro hombre. ¡Era tan difícil estar sola! Y de esos repentinos y locos encuentros en la cama, surgieron los dos hijos menores. Y mira, ¡hombres también! ¿hombres también? Ellos habrían de tener otra vida. Con ellos todo habría de ser diferente. ¡Maria, no te olvidé! Está todo aquí, en el agujero del pecho…

            El hombre hablaba, pero continuaba estático, preso, fijo en el asiento. Susurraba las palabras a Maria, sin girarse hacia ella. Ella sabía lo que el hombre decía. Él estaba hablando del dolor, del placer, de la alegría, del hijo, de la vida, de la muerte, de la despedida. Del vacío y la angustia en su pecho…Esta vez él susurró un poco más alto. Ella, aún sin escuchar bien, adivinó su discurso: un abrazo, un beso, un cariño para el hijo. Inmediatamente después se levantó sacando el arma. Otro en la parte de atrás gritó que era un asalto. Maria estaba muy asustada.  No de los asaltantes. No de la muerte. Sí de la vida. Tenía tres hijos. El más grande de once años, el hijo de aquel hombre que estaba allí frente a ella con un arma en la mano. El de atrás venía recogiendo todo. El conductor continuaba el viaje. Había silencio de todos en el autobús. Apenas se escuchaba la voz del otro pidiendo a los pasajeros que entregaran todo rápidamente. El miedo a la vida iba aumentado en Maria. Dios mío, ¿cómo sería la vida de sus hijos? Era la primera vez que ella veía un asalto en un camión. Imaginaba el terror de las personas. El cómplice de su expareja pasó al lado de ella y no le pidió nada. ¿Si fuesen otros los asaltantes? Ella tendría una bolsa de frutos, un hueso de jamón y una propina de cien cruceros[4] para dar.  No tenía reloj en el brazo. Ningún anillo o sortija en las manos. ¡No! En las manos sí tenía algo. Tenía una profunda cortada hecha con un cuchillo láser que parecía cortar hasta la vida.

            Los asaltantes se bajaron rápido. Maria vio nostálgica[5] y desesperada al primero. Fue cuando una voz despertó el coraje de los demás. Alguien gritó que aquella puta descarada de al frente conocía a los asaltantes. Maria se asustó. Ella no conocía ningún asaltante. Conocía al padre de su primer hijo. Conocía al hombre que había sido de ella y que todavía amaba mucho. Escuchó una voz: Negra descarada, estaba colaborando con esos dos. Otra voz vino del fondo del camión añadiendo: ¡Calma, gente! Si ella estuviese con ellos, también se habría bajado. Alguien argumentó que no se había bajado sólo para disimular. Que realmente estaba con los ladrones. Fue la única en no ser asaltada. Mentira, no fui asaltada y no sé por qué. Maria miró en dirección de donde provenía la voz y vio un muchachito negro y flaco, con facciones de niño que le recordaban vagamente a su hijo. La primera voz, la que despertó y reunió el coraje de todos, pasó a ser grito: ¡Aquella puta, aquella negra cínica estaba con los ladrones! El dueño de la voz se levantó y se encaminó en dirección a Maria. La mujer sintió miedo y rabia. ¡Qué mierda! No conocía a ningún asaltante. No le debía satisfacción a nadie. Mira nomás, la negra incluso es atrevida, dijo el hombre, dando una bofetada en el rostro de la mujer. Alguien gritó: ¡Lincha! ¡Lincha! ¡Lincha!… Algunos pasajeros se bajaron y otros volaron en dirección a Maria. El chofer había parado el camión para defender a la pasajera:

—¡Cálmense! ¿Qué locura es esta? Yo conozco a esta mujer de vista. Todos los días, más o menos a esta hora, toma este camión. Viene del trabajo, de la lucha para mantener a sus hijos…

¡Lincha! ¡Lincha! ¡Lincha! Maria sangraba por la boca, por la nariz y por los oídos. La bolsa se había reventado y las frutas rodaban por el piso. ¿Será que a los niños les gustará el melón?

Todo fue tan rápido, tan breve, Maria extrañaba a su expareja. ¿Por qué estaban haciendo esto con ella? El hombre había dado un abrazo, un beso y un cariño para su hijo. Ella necesitaba llegar a su casa para darle el recado. Estaban todos armados con cuchillos láser que cortan hasta la vida. Cuando el camión se vació, cuando llegó la policía, el cuerpo de la mujer estaba todo lacerado, todo pisoteado.

Maria quería tanto decir a su hijo que el padre le había mandado un abrazo, un beso y un cariño. 


[1] Chocomilk

[2] “Qué saudade!” Saudade es una palabra que no tiene una equivalente en español, sin embargo, se le suele identificar como nostalgia. La palabra alude al recuerdo grato de una persona ausente, de un momento pasado o de algo que no se ha tenido. En plural y en este tipo de expresiones hace alusión a buenos recuerdos. También se suele usar como saludo. En este caso específico, parece ser una mezcla de lo segundo y lo último.

[3] “Mágoa imensa”: Mágoa también puede hacer referencia a ‘dolor de alma’, disgusto o amargura. 

[4] Cruzeiro, moneda brasileña.

[5] En el original “saudosa”

Traducción por: Sabandija,
algunas veces Buganvilia ácida
y otras muchas Sadinside

Más allá de lo evidente

La educación es siempre un tema polémico, se habla, por ejemplo, de la población que es analfabeta en México y de las carencias que tienen el sistema educativo en nuestro país. Comentarios como esos son necesarios, por supuesto, pero no sirven de nada si la crítica viene cargada de prejuicios, que la mayoría de las veces son altamente clasistas.

Sería más productivo analizar las diferentes situaciones que le impiden a las personas acudir a la escuela, que culparlas por no hacerlo. El fenómeno del analfabetismo en México tiene que ver con, entre otras cosas, los problemas para llegar a las escuelas, hay quienes tienen que caminar dos horas para llegar a la escuela más cercana.

Las diferentes desigualdades que se presentan en nuestro contexto se ven reflejadas en los índices de analfabetismo, por ejemplo, que el porcentaje de mujeres sea mayor que el de hombres se explica a través de la problemática de género, que sabemos deja a muchas niñas y mujeres sin esta posibilidad, porque desde pequeñas se les obliga a hacerse cargo de las labores domésticas. Por estos motivos, este mes queremos invitarte a escribir o compartirnos tus perspectivas acerca de este tema, desde la perspectiva que consideres.

-Las Sin Sostén

El Bombay

Estoy segura de que podría leer a

Baudelaire en un cabaret y aplaudirían. 

Edith Piaf

Su primera lección fue cuando cursaba preescolar. Atenta escuchó a sus compañeritas mientras contestaban: «Yo quiero ser maestra… Yo doctora o enfermera». Y observó el rostro de beneplácito de la profesora acompañado de tiesos aplausitos a la altura del pecho. Esperaba ansiosa su turno y la respuesta fue estrepitosa:  « ¡Yo, cuando sea grande, quiero ser cabareteraaa!».

La gran sonrisa que apenas cabía en su pequeño rostro menguó rápidamente al notar que no hubo beneplácito ni aplausitos, sino muecas de horror, una mirada acusadora y la amenaza de que tendrían que hablar con su madre. Confundida primero y desencantada después, llegó a la conclusión de que sus sueños podrían ser pesadillas para otros y que los adultos cuando te preguntan algo, no quieren conocer tu respuesta, sino la suya a través de tu voz. Se obligó a no desear y si por su mala cabeza llegaba a fantasear con otras realidades, se obligó también a callar. No existía persona más crítica que la que habitaba en su espejo. Se convirtió en su más férrea vigilante durante el día, aunque por las noches…

Así pasaron los días, los meses, los años. Siempre fue una buena niña, una excelente muchacha, de las que no dan problemas. Frases de aceptación la formaron y acompañaron cada uno de sus pasos. ¿Piensas que fue feliz? Tenía todo calculado. Se levantaba a las siete de la mañana después de apagar las tres alarmas (despertaba cansada y temía quedarse dormida). Luego de treinta minutos de cardio, se bañaba en cinco minutos para ahorrar agua (obvio con jabón neutro), desayunaba la fruta que había picado la noche anterior, se vestía con el traje previamente planchado, aprisionaba cada cabello en una perfecta cola y a las ocho y media cerraba la puerta de su departamento. A las nueve llegaba al trabajo, checaba su tarjeta y se dirigía a su escritorio. 

«Esa plaza es lo mejor que te pudo pasar. ¿Quién no querría tener la vida asegurada con un trabajo de gobierno?», decían. Eso de la vida asegurada le parecía absurdo pero más absurdo era creer que lo que ella pensaba tenía algún sentido, así que se limitaba a afirmar con la cabeza. Cada actividad estaba programada, sus días tan convenientemente iguales. Pero todas las personas escondemos algo: tú, yo, ella… ¿quién lo diría?

A las cinco de la tarde checa su salida. Pasa a la fondita de enfrente por la comida que ya le tienen empacada. A las seis ya se encuentra en la pequeña mesa de su cocina comiendo y escuchando como ruido de fondo las noticias que provienen del televisor. Termina de comer, alimenta a los peces y los llama con pequeños golpecitos en el cristal, mientras se lamenta por la pobre vida de esos seres: tan árida en medio de tanta agua. Lava los trastes, pica la fruta del día siguiente y la coloca en sus recipientes, revisa los últimos pendientes en su agenda.

A las nueve de la noche abre la regadera y se sumerge en el agua tibia. Esta vez el jabón es perfumado y se toma el tiempo para acariciarse la piel con abundante espuma. Se frota el rostro, los senos, el vientre. Juguetea con los vellos que cubren la cima de su monte. Sonríe.

Viste su cuerpo húmedo y fragante con un vestido rojo con transparencias, entallado y de escote pronunciado. La corta falda termina en hilos con pedrería que musicalizan la cadencia de sus pasos. Maquilla su rostro con detalle y al terminar le obsequia un beso carmín a la inquisidora del espejo.

Se dirige lentamente a la cama, se recuesta y deja caer el cabello suelto revistiendo su almohada. Cierra los ojos invitando al sueño a invadirla. 

«Eres de las pocas afortunadas que recuerdan, cada noche al dormir, episodios de una de tus vidas pasadas, la verdaderamente elegida por ti. La mayoría no tendremos ese deleite, como castigo por haberlas desperdiciado todas». Evocó las palabras de la vidente antes de caer por completo en las redes oníricas.

Abre los ojos entre la bruma. Su cuerpo todo, fuente de gozo, se contonea obsceno al compás de una oscura tonada, mientras las luces del cabaret ya rojizas, ya malvas se le encienden en los fulgurantes ojos.

-Ana Gabriela Morales Ríos

Armonía de muros casi inexistentes

El incienso de los ceniceros terminó invadiendo la habitación, los turquesas de las paredes no tuvieron reparo en jugarle una batalla a los ocres del suelo; aunque la luz fue desterrada de la habitación, abundaron las chispas en las alfombras y en el correr de las cortinas.  Dos botellas en la mesa, lápices de colores en el sillón y una pluma fuente desparramada en los zapatos dieron testimonio de la existencia de un ser en aquel lugar, a sus alrededores o por encima de las vigas de madera. En el centro de la habitación estaba un colchón sin base, lejos del cielo y la tierra, muy por encima de las manchas de pintura, pero por debajo de los papeles pegados al techo.

Los cuchicheos de las esquinas recordaban voces multitudinarias en las que las opiniones negativas carecían de validez; los años de angustia y decadencia se convirtieron en tejidos de memoria, hatos de tiempo empolvado. Cuando los chorros de paciencia amenazaron, la extravagancia hizo su intervención, los espíritus inhabitables gritaron por la invasión a su espacio, mas lograron despertar al cuerpo insostenible del vacío. Los collares salieron de los escaparates y se transformaron en humo, todo rastro de elegancia fue suplido por libertad y expresiones innombrables. 

En el exterior, en el abril más luminoso, los follajes se hicieron claustrofóbicos, se agolparon contra las ventanas, luego cerraron el paso a los agentes extraños para finalizar con nuevos picaportes hechos de flores diminutas. Ambos espacios resultaron armónicos a pesar de su inconexión, pues la creatividad de los ojos ajenos encontraron los parches suficientes para dar crédito a las formas libres, al génesis sin esquemas.

-Las Sin Sostén